del 21 al 3 de Febrero de 2004 • Edición número 1,336
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La crisis del PRD refleja
la falta de relevo del liderazgo político

La “ley de lemas” no es más que un mecanismo a través del cual, un partido en conflicto puede llevar más de dos candidatos en unas elecciones generales. Quien obtenga mayoría de votos, se les suman los de los demás.



Por Angel Barriuso

La crisis por la que atraviesa el Partido Revolucionario Dominicano es otro reflejo de la necesidad de la renovación del liderazgo político en las democracias de América Latina. Por demás, los partidos políticos se han convertido en simples maquinarias electorales, sin proyectos convincentes sobre el futuro del país.

Visto en forma aislada el acontecer nacional, dos partidos políticos sobresalen por la falta de entendimiento de sus fuerzas internas para afianzar un candidato en víspera de la campaña electoral por la presidencia de la República, fijada por la JCE para el próximo día 20.

El PRSC y el PRD, dos potencias de un bipartidismo desbloqueado por el PLD, no han podido superar la muerte de sus figuras principales, emblemas de su respectivo punto de equilibrio.

Muertos Peña Gómez y Joaquín Balaguer, el PRD y el PRSC parecen desgastarse en luchas grupales, cuyos líderes, como caciques precolombinos, se lanzaron por la conquista de sus espacios y, por ende, por el control de su respectivo partido, en intentos fallidos que delatan su falta de unidad y su incoherencia, sin que se adviertan figuras notables para la mediación.

El PLD se ha mantenido unido, superando el vacío que dejó la muerte del profesor Juan Bosch. Sin embargo, no ha podido escapar al síndrome de grupos que, a diferencia de los otros partidos, maniobran conscientes de su tiempo y espacio, abriendo la posibilidad de un arbitrio cuando las circunstancias lo demandan.

Con la excepción de las figuras peledeístas que han aspirado a la presidencia de la República (Danilo Medina, Jaime David Fernández Mirabal y el ex presidente Leonel Fernández), los dos partidos más viejos, predominantes desde la desaparición de la dictadura trujillista, exhiben las mismas figuras políticas desde los últimos 20 años.

Muerto el líder…
tiempo de luto


El Comité Ejecutivo Nacional del PRD es un cuerpo que languidece en su pasado y permanece postrado, inerme, tan recóndito que nadie recuerda el número exacto de su membresía, ni siquiera a los que han muerto sin pena ni gloria, arrastrados por la desdicha. Igual puede decirse del PRSC. El Comité de los 100 y su directorio central ejecutivo lograron reunirse ocasionalmente en su local principal de la avenida San Cristóbal, pero pasaron los años y ésta vieja casona se la ve envuelta en la soledad, como los vetustos edificios que alojaron al desaparecido Partido Dominicano, en los años 50, hasta la caída de la dictadura de Trujillo.

En términos orgánicos, el PRSC dejó de existir para convertirse en un partido de individuos que giraron en torno al viejo caudillo, quien movía los puestos dirigenciales cual fichas en un tablero, y los asignaba en organismos sin cuerpos… jefes sin tropas para cuadrillas ocasionales.

Si bien los peledeístas se mantienen relativamente organizados, sólo su comité político suele reunirse semanalmente. Se ignora, hasta el momento, el historial de su comité central, el cual no se ha vuelto a reunir, se dice, desde que el PLD perdió las elecciones presidenciales en el 2000.

Sus comités de base, luego de la desaparición de los círculos de estudios, tampoco se reúnen, y se ha mantenido diligente un movimiento de formación electoral para aquellos peledeístas que estarán en las mesas defendiendo el voto morado en cada urna.

¿Cuál es el proyecto de nación de nuestros partidos? Cada cuatro años, nuestros partidos presentan al electorado su plan de Gobierno, pero nunca más se les ve afrontando temas capitales, ni siquiera la relación Estado-sociedad, en un universo cambiante, en una democracia que reclama una mayor participación social, menos paternalismo y asistencialismo/clientelista.

Obviamente que los tiempos idos no se repiten, ni volverán aquellos momentos de los debates acalorados al estilo de Bosch enfrentando a todo el mundo, defendiendo cualquiera de sus tesis, cual si reivindicara a Ortega y Gasset respecto al yo y a las circunstancias.

Recordable fue la odisea del doctor Peña Gómez, moribundo, que retornó de Nueva York y enfrentó la gestión de Leonel Fernández en momentos en que se producía una escasez de alimentos y aumentaban los precios, provocando la reacción del secretario de la Presidencia, Danilo Medina, admitiendo errores de cálculos. La presión de Peña Gómez logró despertar los ánimos al gobierno del PLD en momentos en que parecía navegar en un círculo vicioso.

Relanzar los partidos

La ascenso al poder de Alberto Fujimori en Perú, sorprendiendo a la opinión pública, alertaba sobre la crisis de los partidos políticos y de liderazgo en América Latina, no así del capitalismo, de la sociedad burguesa o “del sistema”.

Perú, con una historia de lucha política de trascendencia en América Latina, no aprendió la lección, ensimismado en la magia de Fujimori quien, en vez de salir por la puerta grande, terminó huyéndole a la Justicia de su país y asilándose entre sus ancestros, en el Japón.

Un hombre como Alejandro Toledo, procedente de las entrañas del pueblo y ascendencia de pura cepa por su sangre india, parece sumido en el limbo, preso de las circunstancias y víctima de un liderazgo coyuntural, sin apoyo de una estructura político-partidaria. Perú, visto desde el Caribe, baila al mismo ritmo que Venezuela, sin que ambos pueblos, agobiados por la corrupción y el descalabro de su economía, logren organizar sus fuerzas sociales en torno a nuevos liderazgos políticos que asuman la militancia del partido por el partido para la democracia.

Gonzalo Sánchez de Lozada, en Bolivia, renuncia a la presidencia de la República presionado por la sociedad toda, desde el más humilde los ciudadanos hasta el más encumbrado, y lo sustituye en el puesto su vicepresidente Carlos Mesa, quien pondrá el dedo sobre el filo de la navaja.

Es este hombre quien asumirá la responsabilidad de proclamar el fracaso de los partidos políticos, pero subrayará -en su discurso de posesión- el papel que está llamado a desarrollar un partido político en una sociedad moderna para una democracia participativa, con un Estado que responda a las necesidades de sus conciudadanos y un liderazgo que vaya al Gobierno a servirle a su país, en vez de servirse del Gobierno.

Si bien Fukuyama planteó el fin de las ideologías o el velorio de las utopías (para el buen criollo), ningún partido ni sus dirigentes asumen corrientes filosóficas innovadoras ni asoman la cabeza con respecto a los retos económicos, políticos y sociales.

El relanzamiento de los partidos políticos, en cualquiera de las formas orgánicas que responda a la modernidad, está por verse. La situación boliviana que ha tocado a Carlos Mesa, cuando pidió una tregua social para reorganizar a su país y dejarle el camino libre a los partidos políticos para renovarse, falta por verse en República Dominicana.

La crisis política condujo a crisis económica en América Latina, y en República Dominicana la crisis económica encuentra a dos sus principales partidos sacudidos por crisis de liderazgo y orgánica, pero en los próximos cuatro años podrían agudizarse los conflictos políticos intrapartidarios si cuanto ocurre en el PRD y en el PRSC pasa como un chisme de patio o pleito entre marido y mujer.

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