Santo Domingo crece en todas las direcciones
La ciudad dobló su población en poco más de veinte años. La gran mayoría de los nuevos habitantes vino a poblar zonas que no estaban destinadas a ese propósito.
Plazas comerciales, barrios enteros que, para sorpresa del paseante, aparecen de la noche a la mañana, grandes proyectos de infraestructura que resultan urgentes porque toda una zona de la ciudad carece de servicios: ese es el balance de lo que se percibe a simple vista en la capital dominicana. El nuevo centro de la ciudad, el Polígono Central, presenta una elevada densidad constructiva, en opinión del arquitecto José Enrique del Monte. Tal fenómeno tiene sus orígenes en la presión que van ejerciendo los nuevos habitantes sobre la periferia de la ciudad, que pasó de uno a dos millones de habitantes en apenas una generación, es decir, el tiempo que tomó al Ensanche Naco pasar de ser una zona de viviendas unifamiliares a adquirir el erizado paisaje que hoy lo caracteriza.
Nuevas urbanizaciones para las clases medias, cual es el caso de Las Praderas, y creación del Banco Nacional de la Vivienda (BNV), vienen a ocupar terrenos que, si bien céntricos, no habían sido tomados en cuenta por sus características particulares. El antiguo centro, víctima de la presión que ejerce el desarrollo inmobiliario que empuja desde el nuevo centro y desde la periferia, empieza a perder su carácter distintivo.
La ausencia de una visión global de ciudad por parte de las autoridades que tienen a su cargo la planificación y el control ha permitido que se experimente un desbalance en lo referente a identificar zonas de alta densidad y de baja densidad, expone el arquitecto Del Monte, para proseguir: es notorio que cada día surgen construcciones de gran altura en zonas que por tradición han mostrado un perfil muy bajo, lo que impide disponer de un lectura coherente en cuanto a la nueva imagen que se pretende obtener de la ciudad.
LA PERIFERIA Y EL CENTRO
Se puede aún recordar cuando los nombres Manoguayabo, San Luis, Cancino, Higüero o La Caleta traían a la mente escenas bucólicas o de playa. Hoy se trata de la periferia de una ciudad que ha crecido sin regulación y cuyo desarrollo se escapa de las manos de quienes se supone la manejen.
Cursa en el Congreso un proyecto que establece normas para el crecimiento de Santo Domingo, pero se recuerda el establecimiento del Cinturón Verde de la ciudad de Santo Domingo, que ha sido violado recurrentemente debido a la presión que, por la parte norte, lleva la ciudad a veinticinco kilómetros de distancia del Parque Independencia, su antiguo centro.
Por otra parte, un estudio realizado por estudiantes del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) determinó que cada catástrofe natural lleva a Santo Domingo una cantidad de nuevos pobladores, prácticamente la totalidad de éstos arrastrados por la estrechez del medio rural luego del paso, por ejemplo, de un huracán.
De esta manera la periferia de la ciudad se distancia constantemente del centro para determinar así un patrón de habitación que desborda los estudios, los planteamientos y las capacidades materiales de las autoridades llamadas a planificar. Con la llegada de nuevos habitantes en tal magnitud crecen la demanda y la oferta de empleos, lo que impone un desordenado incremento de la actividad comercial e industrial que queda, primero, sin registrar y de allí queda como hecho consumado.
La tendencia, a pesar de lo mucho que se discute, sigue imparable y el futuro de Santo Domingo parece ser el de una megalópolis que se traga todo a su paso mientras en su centro, donde el valor de la tierra se incrementa sin freno, los edificios compiten por un rayito de sol en la mañana o al atardecer.