20 de Octubre de 2003 • Edición número 1,328
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Un Mozart en casa
“En Coetzee no se agotan los calificativos”




Por Alfonso Quiñones

Tengo lástima de los niños genios. Hay quien dice que son personas que viven poco. Y por otra parte, casi siempre se quedan sin infancia.

Son un dolor de cabeza para la familia y hasta para la sociedad. Casi siempre la familia y la sociedad son un dolor de cabeza para ellos. No se adaptan. Son casi siempre unos incomprendidos.

He conocido algunos de ellos. Hace años se perdió en el limbo uno que pudo llegar a ser un gran guitarrista, sólo porque su padre ejerció una dictadura de elogios sobre el hijo que, prácticamente, lo inutilizó.


Luis Medrano
Lo conocí cuando tenía 5 ó 6 años y tocaba guitarra como un Tárraga cualquiera, lo mejor de todo es que era compositor, comenzó a presentarse en algunos sitios de La Habana, su padre –sempiterno acompañante– lo llenaba de elogios ante todos. Yo creo que al niño aquello le daba vergüenza. A mí me daba vergüenza ajena. Lo reencontré a los dieciocho o diecinueve años, estaba pasando el servicio militar. Cuando le pregunté por la guitarra sacó su viejo instrumento empolvado e intentó algunos acordes, pero los dedos ya no le respondían. “Hace mucho que no ensayo... desde que el viejo murió”.

En Colombia murió en el verano del 2002, a los 62 años, mi amigo David Chericián, un poeta descendiente de madre armenia que en su niñez fue considerado por los medios como “un niño prodigio”. Desde pequeño se vinculó a la radio y luego a la televisión. Su voz le dio cuerpo a un tal Jackie el Pecoso que mantuvo en vilo a muchos niños, adolescentes y mayores con sus peripecias radiadas.

No llegué a escucharlo en la radio, cuando nací ya David era un joven con voz de hombre y su talento andaba por otros derroteros. Hace mucho que David había dejado de ser un “niño prodigio” y la última vez que lo vi fue tendido en la cama de una camioneta, borracho como una cuba, en el Barrio Kennedy de Bogotá, gritando pestes del gobierno cubano. Según me cuentan hace dos años había dejado de beber y había engordado, parece que tenía problemas de presión y el corazón. David fue poeta, amigo y buena gente. Para mí nunca fue un “niño prodigio”: no lo conocí en esa faceta.

Johannes Chrisostomus Wolfang Amadeus Mozart, nacido el 27 de enero de 1756, era ya a los 6 años un consumado intérprete de instrumentos de tecla y un violinista eficaz, leía las partituras y demostraba una capacidad extraordinaria para la improvisación en las giras por las cortes europeas que realizaba de la mano de su padre autoritario. A los 7 años compuso sonatas para clave y para violín, a los 8 años una sinfonía, a los 10 años un oratorio y a los doce la ópera cómica “La finta semplice”. A los 13 años fue nombrado Konzertmeister del arzobispado de Salzburgo y el Papa le hizo Caballero de la Orden de la Espuela Dorada en La Scalla de Milán; ese mismo año compuso “Bastien und Bastienne”, su primer Singspiel, un tipo de ópera alemana que incluye partes de recitación.

A los 14 años de edad Mozart fue encargado de escribir lo que constituyó su primera gran ópera, “Mitridates, Rey del Ponto” (1770). Los próximos seis años los dedicó a componer una gran cantidad de obras importantes. Después de una vida azarosa económicamente hablando y con una gran creatividad (más de 600 obras) murió en Viena el 5 de diciembre de 1791, a los 35 años de edad, acosado por la envidia de Antonio Salieri, las deudas y por una enfermedad crónica renal.

Otro niño prodigio fue José Raúl Capablanca (1888-1942), quien comenzó a jugar el ajedrez a los 4 años y a los 12 años era ya el Campeón Nacional de Cuba. En 1921 derrotó al alemán Emanuel Lasker y se convirtió en Campeón Mundial de Ajedrez.

Las estrategias en los casos de sobredotación intelectual son muy diversas, según el país y en ellas sobresalen Rusia, Estados Unidos, China, Israel y otros.

Una de estas escuelas para niños superdotados la recuerdo adjunta a la Universidad de Lomonosov, en Moscú. También hay escuelas similares en el mítico MIT de Massachussets y otras universidades.

En Barcelona existe una tal Asociación de Superdotados y Talentosos Cladellas y Pros, con sede en Sabadell, donde se les realizan pruebas objetivas, subjetivas y complementarias y se les imparte psicopedagogía general dirigida a los superdotados y su familia, programas de enseñanza personalizada, integración familiar, escolar y social, solución de problemas emocionales y sociales, encuentros entre personas del mismo nivel intelectual, etc.

NIÑOS SUPERDOTADOS

Según un estudio realizado en España, el 1% de los niños que nacen cada año en ese país son superdotados. Los niños superdotados se caracterizan por poseer capacidades intelectuales extraordinarias, identificables incluso desde los primeros meses de vida. Su etapa de aprendizaje es tan veloz y efímera que se aburren enormemente en clases y tienen problemas a la hora de relacionarse con sus compañeros. O sea, que el primer gran problema con que se enfrentan está en el sector educativo. Si el coeficiente de inteligencia normal es de 120, el de ellos se encuentra entre los 130 y 150 puntos.

Para que un niño sea considerado superdotado debe cumplir más de un requisito, además de alto coeficiente de inteligencia, más allá de lo normal, se exige que demuestre fortaleza y disciplina para lograr llevar a feliz término sus metas.

Se asegura que en algunos casos los niños superdotados presentan trastornos psiquiátricos como tendencia a la depresión o a la personalidad neurótica, entre otras. Existe la hipótesis de que en estos niños hay ausencia de vitaminas B-1 y B-6, y en ellos se da una mayor actividad metabólica cerebral que lo normal.

El 28 de diciembre del 98 aprobaron sus exámenes de ingresos a la Universidad del Callao, en Perú, unos “niños genios”, entre los que destacaron una adolescente de catorce años que logró el primer lugar en puntajes para la facultad de economía y un niño de once resultó cuarto en la de matemáticas. En el 2001 conocí en la Universidad de Mayagüez, en Puerto Rico, a un niño que con 9 años estudiaba primer año de física. Este niño desarrolla una teoría muy interesante, según la cual el tiempo no es una categoría continua sino con intervalos... Al preguntarle con quiénes jugaba me contestó que con la computadora, con su hermanito y con el perro.

El sociólogo noruego Ingar Roggen, creador de la teoría del efecto Da Vinci, ha opinado que la Internet puede convertir a los niños que la usan en genios universales, ya que la estructura de la red, basada en hipertextos, mejora la creatividad y el pensamiento lógico de los niños.

El caso de un niño ruso cubano –producto neto de la guerra fría– quien con apenas 11 años ha inventado en la remota república autónoma rusa de Altai una nevera que trabaja sin compresor ni energía eléctrica, entre otros inventos, como un televisor que muestra su imagen en tercera dimensión, es el último de los casos salidos a la luz pública. Eugenio empezó a leer por la libre a los 2 años de edad y además de estudiar física y altas matemáticas actualmente, le gusta la literatura, dibuja y escribe poemas y prosas.

Por último está el supuesto caso de los “niños índigo”, salidos de la cabeza del escritor norteamericano Lee Carrol, quien plantea que el 90% de los niños que están naciendo actualmente en nuestro planeta pueden considerarse como niños prodigios. Su modo de conducirse los hace diferentes, les encanta manejar las computadoras, entre otras aptitudes. Por tal razón sus seguidores han diseñado el Proyecto Índigo, con el fin de cambiar las estructuras actuales de los sistemas de enseñanza y se experimenta con criterios como los del espiritualista y místico Rudolf Steiner y las Escuelas Waldorf, de las cuales existen en Estados Unidos, Austria, México, Australia, Alemania, Bélgica, Canadá, Italia, Argentina, Brasil, Ecuador, México, Perú, Uruguay y Colombia. También se implementan las Escuelas Montessori, iniciadas en Roma en 1907.

El tema de los niños superdotados, genios o prodigios es inagotable. Pero si la naturaleza le sonríe con tener un hijo con estas características y no sabe cómo guiarse con él busque ayuda por favor, quizás usted tenga en casa un Mozart.


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