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Séneca miedos, inmunidad e impunidad

Por Jacinto Gimbernard Pellerano.
Hoy tenemos un articulista invitado, que no está enterado de la invitación porque este español, cordobés, nacido en el año 4 de nuestra Era y muerto por suicidio imperialmente dictaminado en el año 65 en Roma, no tenía la certidumbre de que casi dos mil años después su pensamiento fuese tan actual como lo era en las cortes de Calígula, Claudio y Nerón, de quien fue preceptor y por orden de quien debió suicidarse.
Séneca, figura capital del llamado estoicismo nuevo, o estoicismo de la época imperial romana, siguió por lo común las enseñanzas de los viejos estoicos, pero en él existe un tono propio, que distingue su estoicismo del de los otros pensadores de la misma escuela. El tono propio de Séneca es de carácter moral, con acentos religiosos que se aproximan al teísmo y que han sido, en parte, la causa de la idea de que Séneca, en cuanto moral, había incorporado o amalgamado el estoicismo con el cristianismo, criterio que se fortaleció con una correspondencia, no comprobada, entre Séneca y San Pablo. Mirándolo bien, aceptó la muerte como un estoico cristiano, pues cuando llegaron hasta él los mensajeros del emperador para notificarle su condena escribía una carta a su amigo Lucilio que terminaba así: En lo que me atañe, he vivido lo bastante y me parece haber tenido todo cuanto me correspondía. Ahora espero la muerte.
Finalmente, con un Nerón firme en su sentencia, Séneca bebió la cicuta, se abrió las venas y murió según los preceptos que había predicado.
En una de sus Cartas Morales, la XCVIII, le escribe a Lucilio: No creas feliz a nadie que esté pendiente de la felicidad (Numquam credideris felicem quemquam ex felicitate suspensum). Se apoya en cosa frágil quien se goza de lo que puede venir. Ese gozo, como ha venido, se irá. Pero ese otro que nace de uno mismo es feliz y firme y crece y continúa hasta el fin; los demás que el vulgo admira son buenos durante un día... Todas las cosas que propicia la fortuna se hacen fructíferas y gratas cuando quien las tiene está en posesión de sí mismo y no está en poder de ellas. Porque se equivocan, mi Lucilio, quienes piensan que la fortuna nos concede algo bueno a malo; nos da el material del bien o del mal y el principio de las cosas que por nosotros resultarán buenas o malas. El ánimo, en efecto, es más fuerte que toda fortuna y lleva las cosas a lo bueno o a lo malo y es causa de felicidad o miseria.
El malo todo lo convierte en mal, aun lo que llegó en apariencia de bien; el recto e íntegro corrige las maldades de la fortuna y suaviza lo duro y lo áspero con el arte de saberlo sobrellevar, de modo que recibe lo favorable con gratitud y modestia, y lo adverso con entereza y fortaleza.
Calamitoso es un ánimo angustiado por el futuro, y desgraciado antes de que llegue la desgracia, preocupado de que duren hasta el fin esas cosas con que se deleita. Porque no descansará nunca y, esperando el porvenir, perderá las cosas presentes que podría gozar. Igual es la desgracia de perder una cosa que el temor de perderla. No por eso te doy como precepto la negligencia. Has de rehuir todo lo que se ha de temer, lo que puede ser previsto con el consejo (...) Nada tan necio y tan triste como temer por anticipado (...) Todo lo que está inscrito como si tú fueras el dueño está en posesión tuya, pero no es tuyo.
Hasta aquí Séneca.
Nuestros gobernantes, con la honrosa excepción de Juan Bosch, se han creído dueños de todo... y por siempre. ¡Qué cosa tan extraordinaria!
Así hacen y deshacen, meten la pata, meten las dos, meten las manos, meten el cuerpo hasta el cuello y luego se asustan de que les puedan tomar cuentas cuando salgan de la presidencia y se inventan una inmunidad-impunidad, agarrados de un hoy por mí, mañana por ti.
Empapémosnos de las enseñanzas de Séneca. No hagamos como su discípulo Nerón, que lo oyó hablar sin escucharlo y terminó como símbolo de maldad extrema.
El mandato presidencial debe circunscribirse a cuatro años.
A sabiendas de que, terminado el período, habrá que rendir cuentas.
Ni inmunidad ni impunidad. |
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