Enamorarse tiene su lógica
Los resultados de numerosos estudios permiten afirmar que el enamoramiento tiene su lógica, lógica propia que ni siquiera los enamorados conocen y que no siempre combinan con el sentido común
Por Etzel Báez
Cuando alguien se enamora de otra persona (a menos que sea narcisista, ¿obvio no?) surge la cuestión de porqué ella, porqué él. Los flechados por Cupido ya saben cómo ocurre. Todo partió de una mirada, una sonrisa, aquellas palabras banales. ¡Y ya! Todo es color de rosa, el planeta se detuvo. Y, sin embargo, el misterio permanente: ¿por qué entre seis billones de terrícolas, precisamente, aquella persona fue la que me encantó?
Ah, respuestas, respuestas
Ya no hay que buscar mucho, tomando en cuenta que el encuentro amoroso no es fortuito, la ciencia descifra cada vez mejor las razones que el propio corazón desconoce. Vamos por parte.
Los resultados de numerosos estudios permiten afirmar que el enamoramiento tiene su lógica, lógica propia que ni siquiera los enamorados conocen y que no siempre combinan con el sentido común. Uno de esos estudios del enamoramiento fue el realizado por Pamela Regan, psicóloga norteamericana, con 72 estudiantes de la Universidad de California. ¿Y qué fue lo principal? Pues que si bien la belleza cuenta en el enamoramiento no es lo fundamental en la relación. ¿Nada nuevo, eh? Aquella pesquisa se orientó hacia las características deseables en una pareja para una buena noche de sexo con derecho a todo lo que enseñan los números. Ahí mismo los consultados debían delinear los trazos que preferían para una relación superior al primer encantamiento, digamos una relación de pareja bien casada para tener hijos y esas cosas. En el primer caso, la atracción física fue super destacada como atributo principalísimo. A la hora de escoger una pareja de largo plazo los jóvenes valorizaron la simpatía y la gentileza, más que la belleza física.
Otras conclusiones de los estudiosos del amor son:
* Que los individuos se enamoran, casi siempre, de alguien que está cerca, en el trabajo, vecindad, en el barrio, la escuela o en el grupo de amigos.
* Que la envidia es parte del mecanismo de la atracción. Alguien busca en otra persona aquellas cualidades que no tiene.
* Que la decisión de escoger obedece a una guía inconsciente, como el perfil de su pareja ideal. Como nadie es perfecto, la pareja necesita aprender a aceptar aquello que no está dentro de los parámetros.
TIPOS DE ENAMORAMIENTO
Ahora veamos la pesquisa de John Alan Lee, psicólogo canadiense, quien afirma que hay seis tipos de enamoramiento.
Lee partió de cuestiones tales como: si se enamora fácilmente o sólo después de conocer bien a su futura pareja. O si es de aquellas personas que juegan con los sentimientos del otro o se mete de cabeza en el romance.
Entiende que todo es una cuestión de estilo, hasta en la forma de amar, así que etiquetó sus seis estilos dándoles nombres de origen griego: Eros (el enamoramiento romántico), Ludus (la seducción como un fin en sí misma), Storge (el amor-amistad), Pragma (el cálculo de las ganancias y de las pérdidas), Manía (obsesión) y Agape (la entrega generosa). Quien quiera puede identificarse a partir de estos ejemplos.
Ágape (Todo para el otro)
Ágape, en griego significa altruismo, generosidad. La dedicación al otro viene siempre mucho antes del propio interés. Quien practica este estilo de amor se entrega totalmente a la relación y no le importa echar mano de cualquier cosa con tal de satisfacer ciertas voluntades (incluidos caprichos) de la persona amada. Invierte constantemente en la relación, aunque sus acciones no sean correspondidas. Se siente bien cuando el otro demuestra alegría. Es capaz de renunciar a su pareja si cree que puede ser más feliz con otra persona. Un ejemplo de Ágape en el cine es el personaje Teresa (Juliette Binoche) en La Insustituible levedad del Ser (1987), adaptación del libro de Milan Kundera. Por amor, ella soportaba la infidelidad de su amado, Tomás (Daniel Day-Lewis), un Ludus incorregible.
Eros (Corazón en llamas)
Eros es la pasión romántica de los poetas. Envuelve una fuerte atracción física y deseo sexual descomunal. Ocurre de repente y puede terminar de manera abrupta. El o ella no pueden controlar ese sentimiento intenso, casi irracional. Se pasan más de cuatro horas diarias pensando en el ser amado. Quien experimenta esa sensación no mide consecuencias. Solo una cosa importa: ser correspondido. Ese es el amor que sirve de tema en nueve de cada diez películas de Hollywood. Un ejemplo es El Paciente Inglés (1996), que retrata la trágica pasión de un cartógrafo húngaro (Ralph Fiennes) por la bella esposa (Kristin Thomas) de un explorador ingles en la víspera de la Segunda Guerra Mundial.
Ludus (Instinto de cazador)
En Ludus el amor es un juego que muchas veces no pasa de una noche de sexo. El desafío de la conquista es más atrayente que la persona que se intenta seducir. El conquistador evita los compromisos. Puede cultivar más de una relación al mismo tiempo. Aun cuando la relación es duradera, él busca encuentros fugaces durante el período. Si a usted le gusta el sexo, pero nunca se enamora, o si tiene un enredo nuevo cada dos semanas, su tipo puede ser Ludus. En la película Relaciones Peligrosas (1988), el vizconde de Valmont (John Malkovich) lleva ese estilo a extremos cuando seduce a la ingenua madame de Tourvel (Michelle Pfeiffer), una mujer casada que cree en la santidad del matrimonio, sólo para probar sus dotes de Don Juan.
Pragma (Contabilidad afectiva)
Pragma, como dice el nombre, es el estilo de quien prioriza el lado práctico de las cosas. El individuo evalúa todas las posibles implicaciones antes de embarcarse en un romance. Si el romance aparenta tener futuro, él invierte. Si no, desiste. Cultiva una lista de prerrequisitos para la pareja ideal y pondera mucho antes de comprometerse. Procura un buen padre o una buena madre para sus hijos y toma en cuenta la comodidad material. Está siempre lleno de preguntas. ¿Qué será lo que mi familia pensará? Si me caso, ¿cómo estaré de aquí a cinco años? En la película "El matrimonio de mi mejor amigo" (1998), Michael (Dermot Mulroney) ama a Julianne (Julia Roberts) pero decide casarse con Kimmy (Cameron Díaz), hija de un millonario.
Manía u obsesión (Fantasma de la pérdida)
Quien ya vivió una relación del tipo montaña rusa, un día en el paraíso y otro en el infierno, conoce el estilo Manía. Es el enamoramiento obsesivo y celoso. El individuo siempre encuentra que la persona amada no le corresponde de igual modo. Requiere inagotables pruebas de amor y es capaz de locuras para llamar la atención del ser amado. Tiene tanto miedo de que su pareja le abandone, que el ser amado acaba por irse de verdad. Manía es el lado oscuro de Eros, sostiene la psicóloga norteamericana Irene Frieze, de la Universidad de Pittsburgh. El "Otelo", de William Shakespeare, mata a su mujer en una crisis de celos.
Storge (Amigos con derecho a sexo)
Ciertos romances comienzan de una manera tan gradual que la pareja no sabe cuándo ni cómo comenzó. Ese tipo de historia encuadra en el estilo Storge, nombre de la divinidad griega de la amistad. La atracción física no es lo principal. Nada de noches incandescentes. Lo que cuenta es la confianza mutua y los valores que comparten. Los románticos desprecian ese tipo de relación. Aún así, en las investigaciones que se han hecho los amantes del tipo Storge revelan satisfacción con la vida afectiva. Un ejemplo del amor-compañero es el clásico "Bonnie and Clyde", de 1968, que cuenta la historia verídica de una pareja de gangsters, Bonnie Parker (Faye Dunaway) e Clyde Barrow (Warren Beatty), en los Estados Unidos de la década del 30. Detalle: Clyde sufría de impotencia sexual.