Max Puig
¡Amandla awethu!
¡Amandla awethu! (poder para el pueblo, en lengua xhosa), proclamó el presidente sudafricano Thabo Mbeki ante miles de representantes de organizaciones sociales congregados en Johannesburgo en ocasión de la Cumbre Mundial para el Desarrollo Sostenible, un evento que resume grandes dilemas de los inicios del siglo XXI.
Para el sucesor de Nelson Mandela el objetivo de la prosperidad compartida es alcanzable porque, por primera vez en la historia de la humanidad, la sociedad tiene la capacidad, el conocimiento y los recursos para erradicar la pobreza y el subdesarrollo. Advirtió que, a pesar de ello, el mundo vive un apartheid global, que lo divide entre ricos y pobres, entre quienes tienen acceso al agua y quienes no lo tienen, para concluir que no se puede tratar el tema del medio ambiente sin abordar las cuestiones cruciales de la democracia y las desigualdades sociales y nacionales.
Al afirmar que había llegado el momento de desmantelar un orden mundial basado en el privilegio salvaje de la supervivencia del más fuerte, Mbeki puso el dedo sobre la llaga. Una sociedad humana global basada en la pobreza de muchos y la prosperidad de unos pocos, caracterizada por islas de riqueza entre un mar de pobreza , es insostenible, dijo.
El encuentro de Johannesburgo fue convocado con la encomienda de responder a la interrogante de cómo mejorar la vida de la gente y preservar el planeta. La pregunta es decisiva si se considera que las formas de producción e intercambio prevalecientes a nivel mundial han conducido a un deterioro tal del medio ambiente y de los recursos vitales que muchos expertos lo califican de ecocidio. Lejos de administrar la tierra, se la está destruyendo. En palabras de Eduardo Galeano se pelan los bosques, la tierra se hace desierto, se envenenan los ríos, se derriten los hielos de los polos y las nieves de las altas cumbres. En muchos lugares la lluvia ha dejado de llover y en muchos llueve como si se partiera el cielo.
Desde la Conferencia de Estocolmo, en 1972, gobiernos y expertos debaten la cuestión y proponen medidas. El informe Brunland, remitido a las Naciones Unidas en 1987, parte de la constatación de que la prosperidad de los países del Norte se edificó sobre la destrucción de numerosos ecosistemas o su contaminación, llegando a la conclusión de que si los países del Sur copiaran los errores cometidos por éstos, instalando fábricas y propiciando formas de consumo enemigos de la naturaleza, la biosfera llegaría a un nivel de degradación intolerable, por lo que se hacía indispensable definir un esquema de desarrollo diferente. Mientras tanto, cada habitante del Norte consume en promedio diez veces más petróleo, gas y carbón que el del Sur y el 75 de la contaminación del mundo proviene del 25 de la población.
La Cumbre de la Tierra, o Cumbre de Río, celebrada en 1992 despertó grandes esperanzas. Allí se aprobó una ambiciosa estrategia global para enfrentar los retos ambientales y de desarrollo, concretada en el programa de acción Agenda 21. A la vuelta de diez años muchos estiman que Río se quedó en la retórica. El protocolo sobre biodiversidad de Río no ha sido ratificado por el país más poderoso de la Tierra. Los Estados Unidos tampoco han aceptado el protocolo de Kyoto, destinado a controlar la emisión de los gases que provocan el efecto invernadero y el subsecuente calentamiento global que está trastornando el planeta. Pareciera que la dinámica de una globalización de signo neoliberal se ha impuesto a las buenas intenciones expresadas en Río de Janeiro.
A pesar de lo anterior, se han producido avances importantes. Hace relativamente poco tiempo el crecimiento económico era considerado casi como sinónimo de progreso. Con la aceptación de la noción de desarrollo sostenible se reconoce que el crecimiento debe procurarse cuidando el medio ambiente, al tiempo que se impulsan la salud y la educación, se fortalece la justicia, se respetan las libertades públicas y se amplía la participación democrática.
Después de Río, las cumbres y conferencias auspiciadas por Naciones Unidas han permitido construir un nuevo marco para las políticas de desarrollo, considerando aspectos humanos, sociales y ambientales que van más allá de los estrictamente económicos. Aunque algunos países se siguen oponiendo, ya no se pueden tratar los temas por separado. Economía rima con ecología. Comercio, medio ambiente, gobernabilidad democrática, ayuda al desarrollo, subvenciones agrícolas, gases invernadero, monopolio tecnológico, energías renovables tienen que ser considerados en conjunto. Esta interpretración constituye un logro mayor con relación a Río. De ahí la pertinencia del llamado del presidente Mbeki a favor de un mundo más democrático. |

|
Otros
articulistas
Max Puig
¡Amandla awethu!
Guillermo Moreno
Repartición no es consenso
|