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Los ánimos se están caldeando poco a poco. En el ambiente se siente una sensación de irritabilidad de la gente. ¿Qué está pasando? ¿Se trata, acaso, de un fenómeno meramente local o es, por el contrario, una tendencia generalizada en el confuso mundo moderno?
Sea como sea, tenemos que ponerle un alto a esta situación. A mal tiempo, buena cara. En lo que toca a los problemas netamente dominicanos, lo primero que habría que hacer es dejar a un lado las diferencias que nos separan a unos de otros y aunar esfuerzos para identificar las dificultades que nos son comunes a todos, a fin de enfrentarlas y superarlas.
El primer paso, desde luego, corresponde al Gobierno. Tienen las autoridades la obligación de escuchar a los ciudadanos, inclusive a los que les son adversos de manera sistemática. Deben, las autoridades, asumir una postura humilde y buscar la armonía con quienes, por cualquier razón que sea, se presentan como sus desafectos.
Esa actitud, si se produce, ha de ser correspondida por los gobernados, los cuales, sin duda, al percibir la buena fe por parte del Gobierno, recobrarán la confianza y ofrecerán sus mejores aportes para una convivencia feliz.
Transparencia, honestidad, justicia y libertad. Son cuatro atributos que, necesariamente, han de prevalecer en una sociedad democrática. Nosotros podemos hacerlo. El Gobierno debe dar el primer paso. |