9 de Septiembre del 2002 • Edición número 1,271
 SECCIONES
 



Suscripciones
al teléfono

472-7694 de lunes a viernes de 9:00am a 6:00pm o al correo electrónico
El arroyo Carabajal y su entorno se recuperan lentamente

La Falconbridge ha cumplido con todas las exigencias hechas por las autoridades para rehabilitar la zona impactada por el derrame de petróleo debido a la rotura del oleoducto de la minera, cuyos daños fueron calculados en 120 millones de pesos




Por Santiago Estrella Veloz

VILLA ALTAGRACIA.- Un caballo pasta tranquilamente a orillas del arroyo Carabajal, ajeno a la llegada de los curiosos. El silencio es total en esta zona carente de viviendas y donde para acceder hay que recorrer varios kilómetros de carreteras en medio de una plantación de naranjas. En el siglo 19 a este lugar le llamaban “Sabana de los Muertos” debido a que una epidemia de viruelas casi diezmó su población.

La hierba empieza a crecer donde hasta hace poco excavaban los tractores para extraer piedras y arenas contaminadas por el petróleo derramado del oleoducto de la Falconbridge, que causó daños calculados en más de 120 millones de pesos.

Hoy día, sin embargo, las aguas del arroyo Carabajal están limpias, como limpias están las piedras de sus orillas, sin rastros del petróleo derramado durante varios días cuando el pasado 7 de abril hubo una fisura en el oleoducto que lleva petróleo desde la zona portuaria de Haina, en Santo Domingo, hasta las instalaciones de la empresa minera de origen canadiense en las lomas de Bonao.

Esa recuperación, aunque lenta, se debe a una ardua tarea de limpieza realizada por la Falconbridge, que hasta ahora ha cumplido con cada uno de los 24 puntos fundamentales que le fueron exigidos. Los técnicos trabajaron día y noche para reparar la rotura que, aunque apenas era de quince centímetros, permitió que se derramara suficiente petróleo como para acabar con la microfauna de la zona.

“La Falconbridge se ha ajustado a todas nuestras exigencias”, dijo el subsecretario de Gestión Ambiental, René Ledesma, quien de paso informó que el oleoducto fue examinado recientemente por científicos de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), de los Estados Unidos, a requerimiento de la Secretaría de Medio Ambiente. Su misión es rendir no solamente un informe sobre el estado real del oleoducto, instalado hace más de veinte años, sino en general de la planta de la Falconbridge.

“Todos los gastos en que se incurra para reparar los daños y en las demás acciones emprendidas en relación con el derrame de petróleo corren por cuenta de la Falconbridge, pero la línea a seguir la trazamos nosotros”, explicó el funcionario.

ZONA DEL IMPACTO
El sitio exacto de la rotura del oleoducto está a orillas del arroyo, en una pequeña explanada de aproximadamente diez tareas, colindantes con una plantación de cítricos y árboles de copa ancha. La parte de tierra que se llenó de petróleo ocupa unos mil metros cuadrados. Se hizo una excavación enorme y todo el material extraído se eliminó. La grama comienza a crecer donde hasta hace poco había lodo amarillento.

Las piedras fueron sometidas a un proceso de limpieza. Este redactor comprobó en el terreno que no hay una sola que contenga rastros de petróleo. Las aguas del arroyo están limpias y no tienen mal olor, aunque no se aprecian signos de vida acuática.

La Falconbridge sometió a Medio Ambiente una “propuesta de remediación integral”, cuya primera etapa comenzó a ejecutarse con el acondicionamiento de la zona y la siembra de árboles en las márgenes del río Haina.

El arroyo Carabajal es un pequeño afluente del río Haina que suministra agua al acueducto de Santo Domingo, ciudad de más de tres millones de habitantes. Cuando se produjo la rotura, durante más de diez días en el arroyo hubo que mantener barreras flotantes (booms) y absorbentes con el propósito de evitar que aguas abajo, a poca distancia, se contaminara el río Haina.

Pero el río se contaminó y la Corporación Dominicana del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD) tuvo que cerrar las válvulas del acueducto en varias oportunidades.

El director de la CAASD, Julio Suero Marranzini, dijo en la ocasión que esa dependencia estudiaba la posibilidad de reclamar una indemnización a la Falconbridge por daños y perjuicios. Entonces calculó que las pérdidas de la CAASD debido al problema superaban los diez millones de pesos.

LABORES DE RECUPERACIÓN
En la actualidad el agua que se consume en la capital está libre de residuos de petróleo. Semanalmente la Falconbridge remite a Medio Ambiente los informes de monitoreo sobre la calidad del agua y del aire en la planta de producción y en el área de depósito de materiales. Es decir, que las labores de prevención se han extendido hasta la misma loma La Peguera, en Bonao.

Semanalmente, también, la empresa minera tiene que someter a Medio Ambiente los informes de inspecciones visuales realizadas diariamente en los puntos de mayor riesgo para evitar daños futuros.

La Falconbridge, dentro de sus propuestas para recuperar la zona, incluso contempla la posibilidad de “reubicar” el oleoducto, pues cuando se diseñó su recorrido original no había tantos asentamientos humanos a su alrededor como ahora.

Falconbridge está obligada a realizar un programa de recuperación de las especies impactadas por el derrame, que deberá incluir un inventario de las especies endémicas, identificando las que sean idóneas para la repoblación; desarrollo de un proyecto de reproducción en cautiverio de dichas especies, liberación de los especímenes y la ejecución de un plan de seguimiento que garantice la adecuada repoblación de las áreas afectadas.

Todo eso figura en la “propuesta de remediación” que sólo está a la espera de su aprobación definitiva por parte de la Secretaría de Medio Ambiente.

Los gastos representan una considerable suma, posiblemente millonaria, aunque esto en nada afectará las finanzas de la Falconbridge, una empresa multinacional con negocios en diversos países, pero además respaldada por seguros corporativos.

Este tipo de seguro cubre todos los daños causados por accidentes de cualquier tipo en cualquier área donde haya instalaciones u operaciones de la compañía. En este caso, claro está, se incluye al oleoducto roto en el arroyo Carabajal.

LA DEMANDA JUDICIAL
El Ayuntamiento de Villa Altagracia, actualmente dirigido por Julián de Jesús Mateo, por el momento ha dejado a un lado la demanda judicial contra Falconbridge emprendida por el anterior síndico Víctor Flores. La suma reclamada a la minera por “daños a la ecología y a propiedades” era de 75 millones de pesos.

Mateo, en cambio, dice que prefiere negociar, aunque desde que asumió el cargo el pasado 16 de agosto no ha podido sacar tiempo para ocuparse del problema por estar organizando las actividades del Ayuntamiento.

“Nuestra política es hablar y llegar a un acuerdo con la Falconbridge, pues lo ideal es un acuerdo amistoso”, dijo el síndico a esta revista al ser consultado por teléfono.

La Secretaría de Medio Ambiente exigió a la Falconbridge un programa de información y concienciación a las comunidades aledañas al oleoducto, que incluya mensajes sobre prevención, reporte de accidentes o averías, limitaciones al uso del agua y el suelo y los avances del “programa de remediación”, según manifestó el gerente de relaciones públicas de la Falconbridge, Luis Rosado.

Falconbridge comunicó a Medio Ambiente las actividades que realiza para capacitar a su personal “a todos los niveles”, especialmente en cuanto se refiere al manejo de emergencias ambientales, planes de contingencia y los riesgos a la salud y la seguridad asociados con el manejo y manipulación de productos peligrosos, particularmente hidrocarburos.

Sometió, además, el exigido Plan de Contingencia para todos sus procesos productivos, incluyendo planes de alerta y comunicación a la sociedad civil y a las agencias gubernamentales con competencia en el caso, según lo dispuesto por el artículo 102 de la Ley 64-2000, sobre Medio Ambiente.

Ese Plan de Contingencia también está bajo estudio de la Secretaría de Medio Ambiente, cuyos técnicos podrían o no sugerir modificaciones.

Más articulos


El arroyo Carabajal y su entorno se recuperan lentamente
Enfermedades inventadas
La depresión o el estrés no se curan con medicamentos

La reserva arqueológica submarina Guadalupe


VISITE LA WEB DE LOS PERIÓDICOS
Hoy|El Nacional


Revistas Nacionales, S. A. | Santo Domingo, República Dominicana | Todos los Derechos Reservados