Las últimas horas
del tirano

8:00 P.M EN CASA DE TRUJILLO
El dictador convida al general Pupo Román a acompañarlo a la base aérea de San Isidro, distante 25 kilómetros.
Trujillo: Quiero enseñarte unas vainas que están pasando. ¡Me tienen harto con esas pendejadas! ¡Zacarías, a San Isidro!
La escena es presenciada por Miguel Angel Báez Díaz. Acto seguido abandona el lugar en un carro oficial manejado por un militar, y se dirige a la Feria.
Miguel Angel: ¡Rápido, cabo!
8:05 P.M. EN LA FERIA DE LA PAZ (hoy Centro de los Héroes)
En una de las calles, entre el teatro Agua y Luz y donde hoy está el Maunaloa, estaban estacionados los conjurados en los tres vehículos. Era la cuarta vez que lo hacian, los días anteriores de ese mes fueron el 10 el 17 y el 24, siempre miércoles, pero ese día era martes. Antonio empezaba a dar las instrucciones cuando aparece Miguel Angel Báez Díaz.
Miguel Angel: Señores, qué bueno encontrarlos. ¡Antonio, por fin te veo! El amigo mío, el ingeniero de que te hablé, va a ir esta noche a tratar lo de la madera. Espéralo, que es seguro que viene con su chofer. Señores, que pasen buenas noches y suerte
Antonio: Miguel Angel, necesito que cualquier cosa me la digas, tú sabes cómo está esto, ya la hora es para que viniera
Miguel Angel: Lo que pasa es que él fue donde su mamá de aquel lado, pero viene seguro. ¡Bien, Adios! (se aleja).
Antonio: Bueno, esa es la señal. Parece que el hombre anda por San Isidro. Bueno, Amadito, como te dije, tú llevas la M-1. Falta la otra escopeta, así que yo me quedo con ésta. ¿Pedro, y la pistola de Juan Tomás?
Pedro Livio: Aquí está, también tengo la 38.
Antonio: Imbert, tú toma ésta, la 45. Pedro Livio, hazte cargo de la carabina M-1, nada más hay dos.
Amadito: Que Salvador se quede con esa 38, ¿cuántas balas tienes?
Sadhalá: 50, más o menos.
Pastoriza: Yo tengo la Luger y dos peines extras.
Huáscar: Yo la Smith and Wesson, con balas suficientes.
Antonio: El plan de hoy es así: En el carro de caza vamos yo, Imbert manejando, y Amadito y Salvador atrás. En el Segundo carro, Huáscar manejando y Pedro Livio con la M-1 al lado. Y en el tercer carro, tú solito Fifí
Ya tú sabes que no debes dejarlo escapar, te le tiras arriba
Fifí: De eso no te preocupes, aunque me mate en el choque, total de aquí no sale vivo.
Amadito: Antonio, que Imbert se acuerde de lo que tiene que hacer con las luces.
Imbert: Ya yo sé, tres cambios
Antonio: Espérate ahí, Imbert. No son cambios. Tú apagas y enciendes las luces, y cuentas mentalmente uno, dos y luego enciendes y vuelves y haces lo mismo, para que Huáscar vea bien que somos nosotros, él no se mueve sin esa clave.
Imbert: Sí, sí, sí
Ya está grabado. No hay problema. No son cambios de luces, sino apago y enciendo lentamente. Ok.
Huáscar: Imbert, acuérdate que nosotros estamos frente a la Feria Ganadera.
Antonio: Eso no puede fallar. Tú haces los cambios cuando estemos llegando a la posición de ellos. Tres veces. ¿Entendido? Ok. Otra cosa, para que esté todo bien claro. Los tiradores aquí somos el teniente Amado García Guerrero y yo. Pedro Livio sólo tirará en caso de que Amadito y yo fallemos. Los otros son retaguardia. Oigan bien, no quiero que nadie más tire, hay que evitar que nos matemos unos con otros por un error pendejo.
Amadito: Por supuesto, y yo o Antonio, cualquiera de los dos que caiga
al que le quede atrás tiene que tirar palante.
Antonio: Fifí, a propósito, tú tienes que estar alerta, tu estarás solo.
Sadhalá: Fifí, es mejor que dejes encendido el motor, por si las moscas
Fifí: ¿Pero pasa algo con el encendido?
Sadhalá: Es que un amigo mío tiene uno igualito y el encendido está fallando mucho
.
Antonio: Bueno, bueno, Fifí déjalo encendido, llévate de Salvador, que es el dueño. ¿Está con suficiente gasolina?
Sadhalá: El tanque está lleno.
Antonio: Bueno, terminemos con esto, a sus posiciones.
Eran las 8:30 de la noche. La suerte estaba echada. Los tres vehículos toman posición.
8:40 p.m. EN CASA DE TRUJILLO
Miguel Angel Báez Díaz cambió de vehículo, uno de los denominados cepillos, y entró a la Estancia Radhamés manejándolo. Trujillo no había llegado a su casa.
Miguel Angel: Hey, cabo, ¿el Jefe no ha vuelto de San Isidro?
Cabo: Aquí no, señor. Pero llamaron del Palacio avisando que el Jefe estaba allá.
Miguel Angel: ¿Qué usted sabe de su viaje a San Cristóbal?
Cabo: El carro ya está listo, se va en ése
Se refería al Chevrolet Belair, modelo 57, azul pálido, de cuatro puertas con unas cortinas azules en el vidrio trasero, de bandas blancas en los neumáticos. Exactamente el carro que Zacarias estaba verificando en la mañana de ese día y el mismo que el teniente Amado García Guerrero había visto y confirmado como el vehículo en que el tirano se desplazaba a San Cristóbal y a paseos solitarios. En ese momento llega Trujillo acompañado del general Pupo Román. El tirano estaba sumamente molesto.
Trujillo: Pupo, no defienda a esos malagradecidos, vagos. ¡Ah, carajo! Yo soy muy viejo en esto. Pero yo sé, yo lo veo en la mirada, hay mucha gente conspirando para quitarme y ponerse ellos. Y de seguro que se están apoyando en los norteamericanos, por eso fue que saqué de aquí a ese embajador yanqui que vivía murmurándome.
Pupo: Jefe, si alguien estuviera conspirando, digamos alguien con fuerza, ya lo sabríamos, esto es muy chiquito y el pueblo le es leal.
Trujillo: En esa gente es que yo creo, después, coño. No es cualquiera que tiene cojones para enfrentárseme. Que esperen a que me muera, cuando yo quiera
Pupo: Jefe, usted es el Benefactor de la Patria, nadie quiere su muerte
Trujillo: Yo digo que en este país nadie ha hecho más que yo y, carajo, siempre aparecen los ingratos. El único que se puede comparar conmigo es Lilís, después todos fueron mierda, y después de mí más mierda. Aquí todo está hecho. Mire Zacarías, ¡prepare todo que nos vamos para San Cristóbal! Pupo, dígale al coronel Marcos Moreno que no quiero a nadie detrás de mí, que se quede la escolta. No quiero volver a decirle lo mismo.
Dos semanas atrás se habían suspendido la vigilancia y escolta del dictador por orden de él mismo. Aún así, el coronel Marcos Moreno, quien era el jefe de la escolta, mantenía una vigilancia discreta del tirano, secundado por el SIM y otros servicios secretos dirigidos por el general Arturo Espaillat, conocido como Navajita. Miguel Angel sale disparado del estacionamiento y al salir a la Gómez dobla hacia el Malecón y luego en dirección a la Feria.
9:00 p.m. EN LA FERIA
Miguel Angel Báez Díaz llega al sitio donde se encuentra Antonio de la Maza y sus compañeros, quienes al ver el cepillo toman precaución, pues creen que se trata del SIM, ya que era el tipo de vehículo usado por el temible servicio secreto de la tiranía. Pero desde su interior sale una voz familiar.
Miguel Angel: Soy yo, Báez Díaz.
Antonio: Coño, si no hablas rápido te tiro. ¿Viene el hombre?
Miguel Angel: Pasa en cualquier momento. Y va a pasar por aquí, es seguro. Viene en el Chevrolet Belair, el azulito
Amadito: ¿El modelo 57, de cuatro puertas, con bandas blancas en las gomas?
Miguel Angel: Sí, Amadito, bueno tú lo conoces. Es ése. Es seguro. ¿Y los otros carros?
Imbert: Ya están en sus posiciones.
Miguel Angel: Bien. Entonces me voy. En cualquier momento pasa. Dios está con ustedes.
Sadhalá: Contigo también, Miguel Angel. ¡Que Dios te bendiga!
9:15 p.m. EN LA FERIA GANADERA
Huáscar Tejeda y Pedro Livio Cedeño permanecían dentro del Oldsmobile. El vehículo fue estacionado después de la Feria Ganadera, donde termina la línea de faroles de luz de la autopista, y con el frente hacia la capital. La vía no presentaba entonces la división de árboles que hoy tiene, así que la visibilidad era ideal. Al colocar el carro del lado contrario no levantaba sospechas.
Pedro Livio: La noche está clara, más clara que nunca. Ya son las nueve y quince, ¿qué horas tú tienes, Huáscar?
Huáscar: En el mío son las nueve y diez. Si en una hora no pasa, se jodió lo de hoy. Entonces será en Moca.
Pedro Livio: Me preocupa Fifí Pastoriza.
Roberto Pastoriza Neret había llevado el Ford Versalles hasta el mismo lugar donde coincidencialmente habría de darse el combate, a unos 100 metros del lugar y en igual posición que el Oldsmobile. Debajo de unos cocoteros, ligeramente oculto y con buena visibilidad del espacio por donde debían venir los vehículos. Dejó el vehículo encendido, la pistola Luger sobá y repasando en su mente cómo actuaría en caso de que Trujillo lograra escapar de la emboscada de los dos primeros vehículos.
9:40 p.m. EN CASA DE ANGELITA TRUJILLO
Trujillo estaba visitando a su hija Angelita luego de pasar por la casa de su madre. La casa de su madre estaba donde hoy se encuentra la Universidad APEC, en la Máximo Gómez con México. Ya se está despidiendo de su hija y el reloj marca las 9:30 cuando aborda el vehículo Chevrolet Belair conducido por el capitán Zacarías.
Angelita: ¡Papá, cuídese!
Trujillo: Ustedes son los que tienen que cuidarse. Yo estoy muy bien. ¡Zacarías, a San Cristóbal!
Zacarías: Sí, Jefe. Ah, Jefe, usted me perdone
Yo estoy medio preocupado con la escolta, que no esté ahí
Trujillo: ¡Capitán, ocúpese de sus asuntos! Carajo, pero ahora si es verdad con todo el mundo opinando (gruñó entre dientes).
9:45 p.m. EN LA AVENIDA GEORGE WASHINGTON
No se habló más nada. El Chevrolet Belair azul se desliza calle abajo por la Máximo Gómez, lentamente, no hay prisa. Zacarías conoce bien a su jefe y sabe que no debe conducir rápido en esas circunstancias. Llega a la avenida George Washington y ya se aproxima a los alrededores de la Feria cuando Trujillo mira el reloj con las 9:44 y mira hacia el hospital Angelita (hoy lleva el nombre de Robert Reid, en honor al médico que apoyó la conjura contra Trujillo). Entretanto, el carro de caza ya está ubicado próximo a la esquina donde hoy se encuentra la Dirección de Pasaportes, en el Centro de los Héroes. Los ocupantes del vehículo están agarrados con la vista a la Avenida y alcanzan a ver el Chevrolet Belair azul.
Amadito: ¡Ese es! ¡Es el carro de Trujillo!
(al instante Imbert enciende el vehículo y las luces).
El capitán Zacarías divisa las luces de ese vehículo cuando son encendidas y siente algo raro, pero no le dice nada al Jefe, apenas mira las dos ametralladoras Thompson que lleva preparadas en el piso del carro a su lado. Aumenta a 60 km/h. Trujillo viene observando los edificios de la Feria de la Paz que albergó un evento internacional en el 1955. El tirano va despreocupado, hace a un lado su maletín personal con las siglas R.L.T.M., lleno de miles de pesos nuevecitos. Le incomoda el revólver 38 que lleva en el bolsillo derecho del pantalón, lo saca y lo pone a un lado del asiento trasero, levanta la mano izquierda y la coloca en el costado del sillón. El Chevrolet Byscaine ha comenzado a avanzar hacia la avenida del Malecón.
Amadito: ¡Coño es él!
Antonio: Imbert, acuérdate de apagar y encender las luces como te dije, no hagas cambios de luces, sólo enciende y apaga, Amadito ve tomando posición, acuérdate lo de las gomas, sólo tirale a las gomas después que yo haga el primer disparo. Ojalá que esta maldita escopeta no se tranque ahora. Ahí va el hombre, ¡que no se te vaya Imbert!
Imbert: Cóño, allá vamos, no se apuren que a mí no se me va
Son las 9:50 en el reloj de Antonio de la Maza
Llegó la hora, el carro de Trujillo pasa frente al carro con el grupo de conjurados. El carro de caza avanza, primero lentamente para no levantar sospechas. Zacarías mira por el espejo retrovisor y advierte que un carro acaba de entrar a la avenida y viene detrás de ellos, decide aumentar la velocidad a 80 km/h. Trujillo advierte la acción de Zacarías, lo mira pero no dice nada, solamente bosteza un par de veces y mira hacia el lado derecho llegando a la Feria Ganadera. Advierte inquietud en Zacarías.
Trujillo: ¿Qué le pasa, Zacarías?
Zacarías: Jefe, es que ahí viene un vehículo, pero no acaba de pasar
Entretanto, dentro del carro de caza.
Antonio: Oye Imbert, apaga y enciende no hagas cambios que ya estamos llegando a donde estan los otros
En el segundo carro donde estan Pedro Livio y Huáscar.
Pedro Livio: Enciende Huáscar, que esos dos carros tienen que ser ellos
Huáscar: Pero no veo los cambios de luces
Pedro Livio: Son ellos, coño, son ellos
¡Dale que se va el cabrón!
Huáscar avanza y da vuelta a toda velocidad, cuando los dos carros pasan por su lado hacia San Cristóbal. El carro de Trujillo va por la derecha de la autopista y por la izquierda se le acerca el carro de caza. La distancia se acorta. Tranquilidad en el carro de Trujillo, tensión en el carro de los conjurados. Antonio toma posición con la escopeta recortada, con cartuchos rellenos de bolas de acero en lugar de perdigones y con doble carga de pólvora. Amadito rastrilla la M-1 y toma posición, es zurdo y eso le facilita una buena posición desde el lado derecho del vehículo. Antonio inicia el ataque con su grito de guerra.
Antonio: Trujillo, soy yo Antonio de la Maza
¡Te llegó tu hora!
Dispara certeramente con la escopeta impactando en el brazo y el pecho del tirano, llevándose de encuentro el vidrio trasero y la ventanilla lateral del carro. Zacarías intenta dar un giro, pero Amadito ya está disparando a los neumáticos perforando el izquierdo trasero. El chofer de Trujillo pierde el control del carro y va a parar a un lado de la autopista. Antonio apunta a Zacarías, pero la escopeta se encasquilla y pierde unos segundos tratando de apuntar con la carabina M-1, lo que da tiempo a Zacarías para armarse con la ametralladora Thompson. En la confusión, el carro de caza se va adelante del carro de Trujillo, pero frena y se devuelve, ahora los dos vehículos estan frente a frente y se inicia un fuerte intercambio de disparos. Zacarías llama a Trujillo, pero éste está terriblemente herido con el brazo izquierdo desecho y sangrando profusamente de la boca por el impacto de una bola de rodamiento de acero que le destruyó parte del mentón. Al verse acorralado, el tirano hace un esfuerzo de salir de la emboscada, cuando Zacarías intenta devolverlo para adentro del carro al tiempo que dispara hacia los atacantes. Trujillo tiene un pie afuera y Zacarías recibe el primer impacto de bala, por lo que dispara una ráfaga de tiros, agarra la otra metralleta, sale del vehículo y se escuda con la puerta disparando a discreción.
Antonio: Están disparando mucho, hay que salir de Zacarías. Amadito, concentra el fuego en Zacarías. Yo voy a otra posición. Imbert y Salvador, cúbrannos.
Antonio de la Maza se ubica en una nueva posición de tiro desde donde pueda poner fuera de combate al chofer de Trujillo, que dispara como una fiera. Es así como desde el ángulo derecho del carro de Trujillo, Antonio dispara a Zacarías por debajo del vehículo alcanzándolo en las piernas e intenta rechazar la acción cuando el fuego cerrado de Imbert y Amadito lo impactan, cayendo entre unos arbustos. Lo dan por muerto. Amadito está herido en un pie y lo mismo Imbert, menos Antonio y Sadhalá. En ese instante llegan Huáscar y Pedro Livio, quien se baja del vehículo empuñando la M-1, al acercarse al carro de Trujillo se oyen dos disparos y uno de ellos lo impacta en el pecho tumbándolo al pavimento, ahí ve a Trujillo tratando de levantarse recostado en el Chevrolet y dando tumbos, herido y sin posibilidad de disparar llama a Huáscar.
Pedro Livio: Coño, me dieron
Huáscar, miralo ahí, tírale que se va
Huáscar avanza con el Oldsmobile hacia la silueta del tirano y lo impacta lanzándolo al frente de su carro. El tirano no se mueve. Antonio se acerca, pistola en manos, rastrilla, apunta y dispara al pecho de Trujillo. El cuerpo está inerte. Imbert llega y también le dispara al cuerpo sin vida del tirano. Sadhalá auxilia a Pedro Livio. Es cuando llega Roberto Pastoriza, quien ha oído los disparos. En ese momento aparece un vehículo que viene desde la Feria Ganadera y Sadhalá apunta y hace dos disparos, lo que hace que el vehículo dé marcha atrás, gire y se devuelva por donde vino.
Antonio: ¡Por fin, salimos de este loco!
Sadhalá: Hay que irse de aquí rápido, Pedro Livio está malherido.
Antonio: ¿Qué carro era ése que se devolvió?
Sadhalá: Debe ser del SIM, le tiré pero no lo alcancé.
Antonio: ¿Dónde está Zacarías?
Imbert: Está ahí, muerto.
Antonio: Bien, ahora hay que encontrar a Pupo Román.
Sadhalá: El general Pupo debe estar preparado y Amiama Tió debe estar junto con él.
Antonio: ¿Qué te pasa, Amadito, te dieron?
Amadito: Tengo una herida en el pie, pero sigamos
Antonio: Fifí agarra por ahí, vamos a meter el cuerpo de Trujillo en el baúl de mi carro, Imbert ve ábrelo.
Sadhalá: ¿Qué vamos a hacer con Pedro Livio, está muy mal?
Antonio: Lo que habíamos tratado, el que salga mal herido
Sadhalá: No estoy de acuerdo
Antonio: Hagan lo que les parezca, total Trujillo ya está muerto
El acuerdo era que quien saliera herido en la acción sería inmediatamente ejecutado por los compañeros, sin embargo en ese momento algunos se opusieron a la ejecución de Pedro Livio Cedeño, herido por una bala perdida. Había finalizado con éxito el plan de acción para eliminar físicamente al tirano. Ahora faltaba poner en camino el golpe de Estado. Eran las 10:15 de la noche cuando abandonan el teatro de los hechos, en el kilómetro diez de la hoy autopista 30 de Mayo.
El carro de Trujillo fue dejado a un lado de la vía, cercano estaba moribundo el capitán Zacarías de la Cruz, herido en las piernas, el torax y la cabeza, pero con vida aún alcanzó a oír la conversación de los ajusticiadores del tirano. Roberto Pastoriza había dejado el Ford Versalles de Sadhalá a un lado de la avenida por desperfectos. Los conjurados habían puesto el cadáver de Trujillo en el baúl del carro de caza. En el Oldsmobyle regresaban Pedro Livio, Pastoriza y Huáscar al volante. En el carro de caza van Imbert, quien maneja, Antonio de la Maza, Sadhalá y Amadito. Silencio total. Habían cumplido la gran misión. Antonio llegó a recordar una casualidad.
Antonio: Caramba, hoy estamos a 30, un día como hoy, el 30 de mayo del 1930, Trujillo llegó al poder. Pero ya se le acabó. ¡Nunca más!
Próxima y última entrega:
FALLA EL GOLPE DE ESTADO