27 de Mayo del 2002 • Edición número 1,256
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Las últimas horas
del tirano





Por Etzel Báez

(3 de 4)

30 de mayo de 1961, martes.Ciudad Trujillo (hoy Santo Domingo de Guzmán)

EN LA ESTANCIA DE RADHAMÉS

Era la casa de Trujillo, donde ahora está la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte, en la avenida Máximo Gómez y Báez. El teniente Amado García Guerrero llega en su papel de vigilancia para ubicar al tirano. En su condición de Primer Oficial Escolta y Ayudante de Campo de Trujillo tenía libre tránsito. Ese día no le tocaba servicio. Aún así, inventa una disculpa al encontrarse con el capitán Zacarías de la Cruz.

Tte. Amado (preguntándole a otro oficial): Sargento, ¿ha visto al capitán Zacarías?

Sargento: Sí señor, está revisando los carros.

Zacarías: ¡Teniente García! Buen día. ¿Qué se le ofrece?

Tte. Amado: ¡Buenos días, Capitán! Eh, yo apenas pasaba…

Zacarías: ¿Hoy no es su día libre?

Tte. Amado: Sí, sí, sí. Así es… Pero, primero está el deber. Usted sabe…
Zacarías: Teniente, usted está muy cumplidor…

Tte. Amado: Sí señor. El Jefe se merece toda nuestra dedicación, mírelo a usted preocupado con los vehículos del Jefe…

Zacarías: ¡Uuuh! ¿Qué usted quiere, teniente?

Tte. Amado: Nada capitán, por Dios… Bueno, usted sabe que en mi día libre me gusta irme con mi muchacha a pasear por la Avenida, y no me gustaría que el Jefe me viera por ahí. ¿El irá por ahí hoy?

Zacarías: Bueno, usted sabe que el da su caminaita por la Máximo Gómez hasta la Avenida a eso de las siete de la noche. Pero fíjese que hoy quiere ir a San Cristóbal y mandó a preparar este carro.

Tte. Amado: ¿El Chevrolet Belair?

Zacarías: ¡Anjá! A mí me gusta más este Chevrolet que los nuevos que han traído, ojalá que me lo deje cuando no lo quiera más. Pero, aproveche su día teniente.

Tte. Amado: Sí, sí, sí… Primero voy a adentro a beber un poquito de agua.

Los dos oficiales se despiden. Amadito entra a la casa de Trujillo. Ya en la sala, pide un vaso con agua. Se acerca al teléfono e intenta comunicarse. Llama y suena ‘ocupado’. Lo intenta dos veces y da ‘ocupado’. Comienza a impacientarse, mira el reloj, y un sargento llega con el agua.

Sargento: Mire teniente, aquí está el agua. ¿Qué le pasa, no le contestan?
Tte. Amado: Está ocupado, debe ser mi tía que cuando habla por teléfono no lo suelta. Déjeme intentarlo otra vez, tengo que decirle que voy a comer a las doce… ¡Ah! Tía soy yo Amadito… ¡Amadito! Sí, fíjate que voy a comer, pero una cosa muy ligera, estoy por aquí en la casa del Jefe. ¡Ah! Dile a tío Antonio que la muchacha de que le hablé va esta noche, sí, sí, va hoy martes, a la misma hora de siempre, no será mañana, ve preparando las cosas que ella se va a llevar, un chofer la va a llevar, pero nada más va ella…

Del otro lado de la línea su interlocutor era Antonio de la Maza, que estaba recibiendo el mensaje en claves.

8:30 A.M EN CASA DE ANTONIO DE LA MAZA
Antonio cuelga el teléfono y continúa la conversación con sus hermanos Ernesto y Pirolo. Luis Manuel Cáceres Michel (Tunti) acaba de llegar.

Antonio: Ese era Amadito. El asunto será hoy. Dice que el señor ese viaja esta noche para San Cristóbal.

Ernesto: Coño, pero llevan tres semanas diciendo lo mismo.

Pirolo: Bueno, yo me cansé de esperar, yo estoy que donde lo vea le tiro…

Antonio: Váyanse para Moca ahora con Tunti y preparen todo para el sábado con to’ lo ‘jierro’ que ustedes tengan allá…

Tunti: ¿Pero cómo es eso de que yo me vaya para Moca? No, no, no… yo me quedo contigo…

Antonio: Pero qué vaina ésta. Tunti, has lo que yo te digo. No me contraríes.

Tunti: Eso déjamelo a mí.

Tunti: ¿Gumarra?

Antonio: ¡Qué jodienda! Tunti, vete con los muchachos para Moca. A Gumarra yo le tengo otra tarea de sacarme a doña Aída y a Lourdes de la capital…

Ernesto: Estate quieto, Tunti, en tu lugar van a poner a Imbert Barreras a manejar el carro de caza.

Tunti: ¡Ah, bueno! No, si es así está bien. Ese tiene cojones y sabe tirar.

Antonio: Ya váyanse, que tengo que reunir a los otros.

Desde ese momento Antonio de la Maza estuvo preparando los vehículos y las armas, hizo algunas llamadas y procuró a cuantos pudo de los conjurados en el complot.

11: A.M. EN CASA DE JUAN TOMÁS DÍAZ
Luis Amiama Tió llega a la casa. Antonio de la Maza acaba de salir. Se reúne con Juan Tomás Díaz.

Tió: ¿Qué tal? Vi a Antonio saliendo ahora mismo…

Juan Tomás: Por ti estaba preguntando y se quejaba de que tú no estás cumpliendo con tu parte del plan. ¿Es verdad que tú no has ido los miércoles a la casa de Pupo Román?

Tió: ¿Me lo dices o me lo preguntas?

Juan Tomás: Te lo pregunto.

Tió: Cuando ustedes me han avisado, yo paso por la casa de Pupo, a veces no entro y sólo me cercioro de que esté allí. Tú sabes que esa casa es vecinita de la de Trujillo. Yo no quiero levantar sospechas. Además, las veces que he estado ahí, Pupo se pone insoportable, preguntando qué cómo es el plan, que cuándo se hará; está muy nervioso con eso…

Juan Tomás: Ah, entonces Antonio tiene razón, tú no te plantas en la casa de Pupo, tú pasas y a veces entras…

Tió: Juan Tomás, yo soy un hombre muy serio, y si te digo que estoy cumpliendo con mi parte puedes escribirlo y jurarlo. Lo que pasa es que yo tengo mi forma, yo no puedo estar metío el día entero en casa de ese hombre, además su esposa Mireya se vive quejando de todas las ingratitudes, injusticias y no sé cuantas cosas más que se hacen en contra de su tío, el Jefe.

Juan Tomás: Qué tú decías de Pupo, de eso de que estaba nervioso… ¿Pero nervioso de qué?

Tió: Tú sabes lo que pasa, que como él se ve con Trujillo todos los días, y Trujillo hablando de que tiene informes de gente que lo quiere matar… Pupo hasta siente que Trujillo sospecha de él, que lo mira atravesao. En estos días me dijo que ya Trujillo le había resuelto un problema que tenía en el Banco Agrícola…

Juan Tomás: Sí, ya sabemos de eso. Trujillo pagó una deuda de Pupo con el banco de más de 100 mil pesos. Pero, qué tu quieres decir con eso, o sea, no será que ahora está con remordimiento…

Tió: No creo. Mira, lo que pasa es que dice que no aguanta más esta situación, que si se va a definir, que sea ya…

Juan Tomás: El primero que quiere que se defina soy yo, que llevo más de veinte años que eso en medio de la garganta. Si fuera por mí ya habríamos salido de los Trujillo, esos malditos abusadores. A Pupo que se aguante. ¿Tú no le has dicho nada de cómo va a ser la acción?

Tió: ¡Claro que no! Yo le cambio el tema, ahora él ya sabe que actúa sólo cuando yo le dé la señal, pero despreocúpate que esa parte de la ejecución él no sabe exactamente cómo será.

Juan Tomás: Ahora oye bien, Miguel Angel me acaba de llamar.

Tió: ¿Báez Díaz? Pero yo lo acabo de ver saliendo de la casa de Trujillo…

Juan Tomás: Pues parece que fue de ahí que llamó, porque no hace de 30 minutos que llamó por teléfono para decirme que el Jefe va hoy, y no mañana, así que tú debes estar en sobreaviso con eso y pegártele a Pupo.
Tió: Coño, eso cambia muchas cosas, porque esto se hace los miércoles…

Juan Tomás: Bueno, pero se hará hoy, ya Antonio está avisando a su grupo, si Dios quiere esta vaina se termina hoy. Así que hay que avisar a Angel Severo Cabral para que esté pendiente con lo de la proclama con la grabación anunciando el golpe de Estado.

Tió: No sé, a mí me parece que nos estamos apresurando mucho…

Juan Tomás: Luis, pero y cómo son las cosas… No es como uno quiera, sino como vengan. Bueno, pero ya tú lo sabes y lo único que tienes que hacer es pegártele a los ruedos de Pupo.

Tió: ¿Quiénes están informando todos los pasos de Trujillo?

Juan Tomás: Miguel Angel y Amadito. ¿Por qué?

Tió: No, no, no. Por nada. Bien yo voy a darme una vuelta por donde Severo Cabral y luego paso por donde Pupo.

Juan Tomás: Llámame después que veas a Pupo o pasa por aquí, yo no voy a salir.

1:00 P.M. CASA DE MODESTO DÍAZ
Miguel Angel Báez Díaz acaba de llegar a la casa de Modesto Díaz.

Modesto: ¿Hablaste con Juan Tomás?

Miguel Angel: Anjá, hablé con él por teléfono. Amadito se quedó en la casa de Trujillo. ¿Y qué hay de Antonio y su grupo?

Modesto: Juan Tomás me acaba de decir que hoy hay poca gente avisada y que los otros hermanos De la Maza se están preparando en Moca.

Miguel Angel: El Jefe va a un acto para allá en estos días.

Modesto: Pues parece que ahí lo van a agarrar.

Miguel Angel: Si es que hoy no se lo tiran en la Avenida.

Modesto: ¿Pero tú te fijaste bien si va hoy? Porque eso está bien raro.

Miguel Angel: Amadito me dijo que el capitán Zacarías está preparando el viaje para esta noche. Yo mismo confirmé que Trujillo mandó un mensaje para alguien, no sé quién, que deben encontrarse esta noche en la Casa de Caoba. Además, el mayordomo le tiene preparado su traje militar verde-olivo. En su agenda, lo de siempre, caminar por la Máximo Gómez al anochecer.

Modesto: Exacto.

Miguel Angel: Hoy voy a tener más tiempo, y cuando Amadito salga esta tarde yo me quedo junto al Jefe. Eso está combinado. Cualquier cosa yo mismo bajaré adonde Antonio y los muchachos, como siempre.

5:00 p.M EN CASA DE TRUJILLO
El reloj de péndulo marca las cinco de la tarde. El teniente Amado García Guerrero está atento a todos los movimientos de Trujillo. Este aparece en el umbral de la sala encontrándose con el teniente Amado, quien acto seguido le hace el saludo militar. Trujillo viste traje militar verde-olivo. Amadito percibe el significado de aquella vestimenta y dice para sí mismo: “Es seguro que va para San Cristóbal. Tengo que avisar”. Trujillo era meticuloso y previsible en esos detalles, pues siempre usaba aquel tipo de uniforme militar verde-olivo en su viajes a la Casa de Caoba, su casa de campo en San Cristóbal, ciudad distante a unos 30 kilómetros y donde naciera el 24 de octubre del 1891, allí en su pueblo natal creció con el apodo de “Chapita”.

Trujillo: ¿Teniente, qué hace usted aquí? No es su día libre?

Amadito: Sí, jefe. Pero ya me voy.

Pasadas las cinco de la tarde ya el grupo de acción estaba en alerta, a la espera de los informantes claves, Miguel Angel Báez Díaz y el teniente Amado García Guerrero.

6:00 P.M. EN CASA DE ANTONIO DE LA MAZA

Antonio acaba de entrar a su casa. Recibe algunos mensajes dejados por Amadito y Miguel Angel.

Aida: Antonio, pero este teléfono no para de para tocar… Amadito y Miguel Angel llamaron varias veces, dicen que un ingeniero va a venir esta noche y que tú sabes quién es, esos dos están con un misterio…, llaman y ni saludan… ¿Qué ingeniero es ése que viene para acá?

Antonio: Ah, no te preocupes por eso. ¿Dónde está Gumarra?

Aida: Donde tú lo mandaste. ¿No te acuerdas las diligencias que lo mandaste a hacer?

Antonio: Ah, sí, sí, sí. Dame algo, que tengo la boca seca. Déjame llamar a Bissié.

Antonio logra comunicarse con el joven español Miguel Angel Bissié, quien en esos días guardaba algunas de las armas preparadas para la emboscada al tirano. Y en ese instante llega Luis Pedro Taveras Liz, alias Gumarra, su chofer.

Antonio: ¿Eres tú, Bissié? Ven ahora mismo para acá con el carro y las herramientas. Sí, ya sé que hoy es martes, cambiaron los planes. Date rápido. Pero ya.

Ah, Gumarra, tú no me salgas de aquí ahora. ¿Ya hiciste el encargo?

Gumarra: Sí señor, todo lo que mandó. Pasé por donde Ovín Filpo, pero no había nadie en la casa.

7:00 P.M EN CASA DE SALVADOR ESTRELLA SADHALÁ

Llegan, casi al mismo tiempo, Antonio Imbert Barrera y el teniente Amado García Guerrero, luego se presenta Antonio de la Maza.

Antonio: Por fin, ¿va o no va hoy?

Amadito: Hasta ahora todo indica que va. Hace una hora lo vi vestido de verde-olivo y le tenían listo el carro Chevrolet con el que siempre va a San Cristóbal. Ahora mismo tiene que estar haciendo su caminata por la Gómez.

Imbert: Yo lo acabo de ver.

Sadhalá: ¿Y cómo será el grupo hoy?

Antonio: Con los que estén. Nosotros cuatro hiremos en el carro de caza. Imbert, quiero que tú te encargues de manejar. Amadito, tú irás con la M-1.

Amadito: ¿Y tus hermanos?

Antonio: Están en Moca. Acabo de hablar con Huáscar, él va a buscar a Pedro Livio, creo que Fifí Pastoriza está avisado.

Sadhalá: Acabo de hablar con él y le dije que lo mejor es que se fuera para tu casa. Me preguntó por Bibín Román (hermano de Pupo Román).

Antonio: ¿No lo viste, Amadito?

Amadito: Tenía que esperarlo para poder hablarle, así que mejor vine rápido para acá.

Sadhalá: Oye Antonio, ¿no es mejor que nos aseguremos de que vaya una buena cantidad de nosotros? Somos muy pocos…

Antonio: Mira Salvador, si tú tienes dudas mejor te quedas…

Sadhalá: No lo cojas por ahí, que no es nada de eso.

Imbert: Es para estar bien seguros, Antonio.

Antonio: Ah, no, no, no. Nada de apendejearse. Ya yo lo dije, hasta solito voy yo a ajusticiar a ese señor. Así que el que quiera quedarse que se quede. Y tú Amadito, ¿también te estás apendejeando?

Amadito: Coño, Antonio no me digas eso. Aquí toditos estamos igualitos que tú.

Antonio de la Maza se monta en el carro al volante. Imbert abre la puerta en disposición de él manejar y con un ademán le dice a Antonio que se eche a un lado. Antonio lo mira y resuelve pasarse al lado derecho, dejándole el volante a Imbert. Amadito entra atrás. Salvador Estrella Sadhalá se monta en su vehículo Ford Mercury y sigue al carro de caza. Instantes después pasan por la casa de Huáscar Tejeda y ven cuando Roberto Pastoriza llega.

7:30 P.M PORTAL DE LA CASA DE HUÁSCAR TEJEDA

Antonio: Oigan, pasen por donde Ovín y vean si está, acuérdense de las herramientas. Nos vemos en mi casa. Fifí, móntate tú con Salvador que viene ahí atrás. ¿Qué hay de Pedro Livio?

Huáscar: Ya está avisado. Debe estar en tu casa.

Antonio: Bien. No pierdan tiempo, dénse rápido.

7:40 P.M. EN LA AVENIDA MÁXIMO GÓMEZ

Trujillo está volviendo de su caminata. Al mismo tiempo va atendiendo a varias personas que se presentan para hablar con él. Entre ellos va Miguel Angel Báez Díaz y oye cuando Trujillo le dice a un funcionario del régimen: “Tráteme eso mañana cuando yo regrese de San Cristóbal”. Miguel Angel mira su reloj de pulso marcando las 7:40 pm, y se desvía por una de las calles buscando llegar pronto a un teléfono para llamar al grupo de acción.

8:00 P.M EN CASA DE ANTONIO DE LA MAZA

Un apartamento ubicado en un edificio de la calle Angel Perdomo, entre Caonabo y Bolívar, en Gazcue. En el parqueo del edificio de seis apartamentos se van estacionando los vehículos. Antonio sube a su casa a buscar parte de las armas. Cuando viene bajando se encuentra con Miguel Angel Bissié.

Bissié: Buenas noches, señores (los del grupo saludan con un ademán). Señor Antonio, ahí le traigo el pedido.

Antonio: ¿Dónde está?

Bissié: Las M-1 y una de las escopetas están en el baúl. Los cartuchos también. El 38 está en la gaveta, alante.

Antonio: Mira, Bissié. Te voy a encargar de una cosa muy seria. Si fallamos ya sabes lo que tienes que hacer. Acuérdate que debes llevar a doña Aida y mi hija Lourdes por la frontera de Dajabón. Allá debes buscar al general García Urbáez.

En ese instante llega Huáscar con la caja de herramientas.

Antonio: ¿Huáscar, qué pasó con Ovín?

Huáscar: No ha llegado, así que me traje la cuestión.

Antonio: ¡Qué vaina! Ah, Mira, llegó Pedro Livio, bueno la cosa mejora.
Imbert: Yo pienso que ese españolito es muy muchacho para tanta responsabilidad.

Amadito: Bueno, las responsabilidades son las que hacen del muchacho un hombre.

Pedro Livio: Bueno, aquí estoy yo. ¿Y los otros, dónde están?

Sadhalá: Contigo somos siete, hasta ahora. Ovín está fuera de la ciudad.

Antonio: ¿Pedro Livio, qué arma tienes ahí?

Pedro Livio: Es la 45 de Juan Tomás. Oigan cuando venía para acá alcancé a ver a Trujillo, ya iba subiendo por la Gómez y lleva puesto el traje militar verde-olivo.

Antonio: Oye Salvador, vamos a necesitar tu carro.

Sadhalá: No hay problema. ¿Quién se va en él?

Antonio: Allá te digo. Ya vámonos, señores.


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