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Los sueños de alianzas
La corriente perredeísta dirigida desde el Palacio Nacional ha resultado la gran perdedora por la negativa del PRSC a concertar una alianza electoral con el PRD

Por Gustavo Olivo Peña
El doctor Joaquín Balaguer y su partido, el Reformista Social Cristiano, han rechazado una propuesta de alianza electoral con el Partido Revolucionario Dominicano.
A la negativa del PRSC y el ex presidente Balaguer, que fue titular principal de los diarios el pasado viernes 25, siguieron las reacciones de los dirigentes del Partido Revolucionario Dominicano.
Pero esas reacciones no fueron homogéneas, uniformes, sino divergentes y hasta contradictorias.
En efecto, han sido notorias las diferencias entre el presidente Hipólito Mejía, cabeza del grupo de Palacio Nacional que tiene su mayor fuerza en el PPH (Proyecto Presidencial Hipólito), y el presidente del PRD, Hatuey Decamps.
El primero ha insistido, antes y después de la negativa del doctor Balaguer y el PRSC, sobre la necesidad de que perredeístas y reformistas acuerden candidaturas comunes para los comicios congresionales y municipales del próximo mes de mayo.
Decamps, en cambio, en principio se limitó a decir que el PRD debía trabajar para evitar una alianza electoral de reformistas y peledeístas.
Después de al visita del jueves a la casa del doctor Balaguer, el licenciado Decamps declaró que se sentía satisfecho porque su objetivo había sido evitar que se produjese una alianza PRSC-PLD para enfrentar al PRD.
LO QUE BUSCA PALACIO
El Presidente Mejía habló públicamente por primera vez sobre sus simpatías hacia una alianza con el PRSC el domingo 13, en una entrevista concedida a los periodistas Juan Taveras Hernández y Ramón Colombo.
En esa ocasión citó los nombres del senador reformista José Hazim Frappier, el general retirado Juan Bautista Rojas Tabar, entre otros, como posibilidades de entendimiento entre el PRD y el PRSC. El pasado domingo 27, en otra entrevista concedida al mismo espacio televisivo semanal, el Presidente Mejía insiste en no darse por vencido, habla de que tarde o temprano reformistas y perredeístas llegarán a alianzas electorales.
El primer cálculo erróneo del grupo perredeísta de Palacio Nacional consistió en pensar en el ex general como una posibilidad de enfrentar al senador peledeísta Bautista Rojas Gómez, en la provincia de Salcedo. Rojas Tabar está aspirando a la sindicatura por el municipio Santo Domingo Este, y no a la senaduría por la provincia de Salcedo.
En segundo lugar, en el caso de la provincia de San Pedro de Macorís, en la cual el senador Hazim corre prácticamente solo, sin competidores de importancia, una propuesta de alianza no tiene ningún atractivo para los reformistas.
Una situación similar se presenta en la provincia La Altagracia, en donde se ha impuesto en los últimos años el fuerte liderazgo local del actual secretario general de la Liga Municipal Dominicana, Amable Aristy Castro.
En cambio, tendría sentido para el PRSC conseguir el apoyo para recuperar provincias que tradicionalmente fueron de su dominio y que ha perdido en los últimos comicios, como Santiago, La Vega y Puerto Plata.
En las filas del PRD se habla de nombres que estaban previamente seleccionados por el PPH para ser premiados con candidaturas comunes a perredeístas y reformistas, si finalmente se materializaba el acuerdo buscado por el Presidente Mejía.
Al parecer, esas aspiraciones tendrán que competir en un terreno más duro: el de la competencia interna entre perredeístas, siempre más difícil que el acuerdo de partes.
DIVIDE Y VENCERáS
Si un error pudo pesar en las dos derrotas sufridas por el Partido de la Liberación Dominicana en el poder (1998 y 2000), no hay dudas de que fue el descuido de sus dirigentes del trabajo político en la organización.
Este trabajo político debió hacer crecer al PLD hasta colocarlo en una situación de independencia del PRSC, partido al cual debía su ascenso al poder por primera vez en 1996.
Otra posibilidad de crecimiento para el PLD pudo ser su apertura inmediata, para acoger a todos los reformistas que quisiesen como miembros de pleno derecho del partido morado. Pero no, se quiso ser una cosa y la otra; se quiso mantener un partido cerrado, de cuadros y organismos, cuando al mismo tiempo se pretendía mantener a su favor a los votantes reformistas.
Por otro lado, el gobierno del PLD amenazó con someter a ex funcionarios reformistas sospechosos de haber cometido corrupción. Sin embargo, hizo muy poco; sólo consiguió la enemistad reformista y no aclaró ninguno de los casos aireados (Lotería Nacional, Instituto Agrario Dominicano, Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos,Bahía de las Aguilas, etc.).
El PRD siempre trató de aprovechar este distanciamiento entre el PLD y el PRSC, al tiempo que no descuidaba su trabajo de partido opositor que acrecentaba su presencia en las capas más pobres de la población, que constituyen la mayoría.
La división entre los antiguos aliados reformistas y peledeístas, que el PRD alentaba siempre que podía, benefició grandemente las aspiraciones del partido blanco.
En esas circunstancias llegaron los comicios de medio término de 1998 y el PLD insistió desesperadamente por un nuevo acuerdo con el PRSC. Pero todo fue en vano, el reformismo estaba dolido y Balaguer decidió que no apoyaría de nuevo al PLD.
Los resultados son de todos conocidos: el PRD barrió consiguiendo 24 de las 30 senadurías, 83 de las 149 diputaciones y 95 de los 115 municipios.
¿Qué había hecho el PRD para evitar que se reeditase el denominado Frente Patriótico que le derrotó en 1996?
Sencillamente, a cada rumor de propuesta del PLD hacia el PRSC, el PRD presentaba una más atractiva vía sus aliados y amigos en el reformismo (dirigentes reformistas que se habían sentido maltratados por el gobierno peledeísta).
De esta manera el PRD fue ganando tiempo, hasta que el doctor Balaguer declaró al diario HOY que no pactaría con el PLD ni con el PRD.
Lo asombroso es que en estos momentos hay dirigentes peledeístas que actúan casi exactamente como en los meses previos a los comicios de 1998; piensan que la única salida es un acuerdo con el PRSC, olvidando la necesidad de afianzarse como la principal fuerza política de la oposición.
Pero más asombroso aún es que desde el PRD, el partido numéricamente más fuerte, y sobre todo de la facción de ese partido que disfruta del poder, se busque desesperadamente una alianza con un reformismo que tiene claro que debe recuperar sus propias fuerzas y crecer solo hacia la gran competencia que serán los comicios presidenciales del 2004.
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