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Rafael Avila
Un símbolo del béisbol dominicano
[Rafael Avila fue exaltado al Salón de los Inmortales del Deporte Dominicano el 20 de octubre de 1996, en la XXX entrega. Sobre ese particular, éste dijo
a [A]HORA con lágrimas en los ojos que ese
momento es el más especial de su vida y agradeció al pueblo dominicano por darle tan alta distinción]

Por Juan Mercado
Rafael Avila es de los pocos hombres que durante su vida hacen camino al andar, como dice el famoso poema. Ha mantenido un estrecho vínculo, y atado si se quiere, al deporte del bate y la pelota. Avila ha demostrado ser un enamorado de esa actividad y lo más importante es que a través ella ha servido de puente para que muchos jugadores jóvenes materialicen sus sueños.
El beisbolista, de manera muy afable, narró a [A]HORA sobre su vida y entrega al béisbol. Nació el 25 de mayo de 1930 en el paraje Guandes, en el central cañero de Baragua, provincia Camagüey, cerca de Ciego de Avila, en Cuba. Señala que desde el vientre de su madre conoció el béisbol, ya que su padre jugó con los legendarios Satchel Paige, Martín Dihigo, Joshua Gibson y otros grandes de esa época.
Procede de una familia dedicada a la industria del azúcar. Su abuelo y su padre fueron maestros azucareros. Sus padres procrearon una familia compuesta por cuatro varones y una hembra. De mis hermanos yo fui el menos aplicado, todos son profesionales. Soy el único que se dedicó a la pelota, pero no me arrepiento. En 1951 conseguí graduarme de Maestro de Educación Física en Cuba, dijo Avila, quien es de origen vasco.
Su madre María Luisa Verabad es originaria de la ciudad vasca de Bilbao y su padre Rafael Avila es de la provincia vasca de Guipúzcoa, España.
Sin embargo, Avila nació en Cuba, donde se crió entre negros africanos. Su esposa Gloria, con quien se casó en Cuba y procreó a Pío Rafael y Alberto, es descendiente de árabes, aunque nacida en Cuba y vive en la República Dominicana. Esos cruces me producen risas y cuando se los hago saber a alguien no me lo creen. Es más, en los Estados Unidos creen que soy dominicano. Ahora con el asunto de mi hijo Alberto, quien acaba de firmar con los Piratas de Pittsburgh para trabajar en la oficina central, es cuando muchas personas se dan cuenta, dijo Avila y agregó: Sólo atino a decirles: ¿Y después de cuarenta años es que ustedes se dan cuenta? Aunque eso no me ofende porque me siento ser dominicano de corazón.
Dijo que en su filosofía de vida está aquella frase de José Martí que reza: Un hombre completo debe tener familia hijos-, sembrar un árbol y escribir un libro. De todo ese postulado solamente me falta el libro. El cual ya está en proceso y pronto saldrá a la luz pública. Se está corrigiendo y llevará por nombre Lecciones de Béisbol, aunque Peter O'Malley, ex presidente de los Dodgers, no está de acuerdo con ese título, pero veremos si en el proceso de corrección eso se resuelve, lo importante es que ya lo tenemos en un borrador, explicó Avila, quien se define a sí mismo como salesiano por vocación, devoción y fe, aunque estudió en los colegios de los escolapios, a los que iba la clase adinerada de Cuba. Le agradezco bastante a los salesianos, con ellos aprendí a trabajar en el béisbol y supe la importancia de ser humilde. Siempre recuerdo que el hábito no hace al monje.
SU LLEGADA A RD
Rafael Avila marchó de su tierra natal hacia los Estados Unidos, específicamente a Miami, donde inició una gran jornada de trabajo con más de mil niños del exilio cubano. Allí demostró de todo lo que era capaz y le valió para conseguir trabajo con la organización de los Dodgers de los Angeles. Con ellos está atado de por vida. Recuerda que un momento inolvidable en su vida ocurrió en 1971, cuando fue enviado de manera incógnita por Al Campanis, entonces gerente general de los Dodgers, a la República Dominicana a chequear un problema existente entre Tom Lasorda, dirigente de los Leones del Escogido, y la directiva de ese equipo que presidía Moncho Imbert.
Los Escarlatas y los Dodgers tenían una estrecha relación de 16 años. La misma estaba sustentada en una gran amistad que sostenían Campanis y el fenecido Emil Kasse Acta, quien acababa de abandonar la presidencia de ese equipo, comentó Avila.
Aseveró que esa primera visita no sirvió de mucho, ya que Moncho Imbert comoquiera botó a Lasorda y su reporte no sirvió de nada.
Más adelante Lasorda le dijo a Campanis que sin él estar trabajando para el Licey había un directivo de ese equipo de nombre Monchín Pichardo que le dispensó un excelente trato. Eso provocó que Campanis enviara de vuelta a Avila. Cuando llegué me entreviste con Monchín y Manny Mota. Chequeé las instalaciones del Estadio Quisqueya y hice mis recomendaciones, ya que de profesional la pelota dominicana sólo tenía el nombre, explicó Avila.
Manifestó que los dogouts tenían los bullpen al frente, los Club Houses estaban deteriorados, no había guardabates (bateras); no existía protección para los jugadores, los salarios eran muy bajos y otras cosas más.
Les dije que si querían un acuerdo con los Dodgers debían reestructurar todas esas áreas y que cuando estuvieran listas que nos llamaran. Monchín estuvo muy de acuerdo y encontró mis recomendaciones muy válidas, recordó. Monchín se puso en contacto con los Dodgers, y aunque no se hizo todo, confiaron porque sabían que tenían las intenciones.
El acuerdo se firmó antes del inició de la campaña de 1972 y le enviamos al Licey lo mejor de nuestra finca, recuerda Avila. Se incluyó a Steve Garvey, Charlie Hugh, Tom Paciorek, Steve Yeager, Bobby Valentine, quienes se unieron a Manny Mota, César Cedeño, José Vidal Nicolás, Teodoro Martínez, Federico Velázquez, y Tom Lasorda como manager. Para sorpresa nos quedamos con el título de campeones. Así empezó el matrimonio Licey-Dodgers, en el cual hubo grandes momentos de felicidad. En 1995 Avila se fue a trabajar con los Toros del Este y como gerente general le dio a esa franquicia su único título dentro de la pelota dominicana. Trabajó durante doce años como comentarista en radio y televisión. Aunque se ganó muchas críticas, recuerda que fue muy defendido por Gloria Guerrero, Lilín Díaz, Billy Berroa, Félix Acosta Núñez y otros de la época.
EL CAZATALENTOS
Avila cuenta que en 1972 dio su primer viaje como cazatalentos. Apoyado en sus raíces quiso internarse en los campos dominicanos. Consultó a Manny Mota y éste le recomendó a Milciades -Chide- Noboa, padre de Junior Noboa, quien en esa época era visitador a médico y conocía todo el país.
Nuestro primer viaje fue a Elías Piña. No había carretera y después de nueve horas de viaje aguardamos en San Juan de la Maguana, donde me sentí muy bien y por medio de Chide conocí al cronista deportivo Jorge Bournigal y a Tony Piña Cámpora y su familia, contó Avila y agregó. El trato que me dieron en esa ciudad es inolvidable y en especial el que recibí de Eduardo Dauhajre. Es más, siempre que me preguntan digo ser un hijo adoptivo de esa ciudad.
En ese primer viaje conocí a Azua, Loma de Cabrera, Las Matas de Farfán, Barahona y Elías Piña. Vi a muchos jóvenes con talento natural, aunque con los niveles técnicos muy bajos, pero con mucha hambre y el deseo de progresar, recordó Avila.
El banilejo Rafael Landestoy fue el primer pelotero en ser firmado por Avila. En su carta de presentación figuran unos cuarenta jugadores de diferentes nacionalidades que han jugado y brillado en el béisbol de las Grandes Ligas. También fue pionero de la Liga de Verano de la República Dominicana, la cual inició con la ayuda de Monchín Pichardo y el dinero de su bolsillo. En 1987 fundó el Campo de Béisbol Las Palmas, en Guerra, el cual es reconocido como el más moderno de América Latina. Uno de sus mayores orgullos es el cuerpo de coaches que formó, el cual incluye a Montalvo, Argona Read, Eleodoro Arias, Silvano Quezada, Mega y Antonio Bautista, quienes son reconocidos en el mundo del béisbol por sus grandes conocimientos.
EL BÉISBOL AMATEUR
Los aportes de Rafael Avila no se quedaron solamente en el béisbol profesional, sino que el amateurismo dominicano también recibió de sus conocimientos. Durante su permanencia en el béisbol amateur éste vivió momentos de gloria. No fue fácil introducirme en el béisbol amateur dominicano. Después de tres años escauteando, me interesé en ayudar al béisbol amateur, manifestó Avila.
Para los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1974 se brindó para dirigir la selección nacional, la cual había visto participar en competencias internacionales y sabía sobre sus deficiencias. No tenían preparación física, acababan con todo el mundo y luego del cuarto juego por arte de magia se derretían, sentenció Avila.
En principio los miembros de la Federación de esa disciplina no le hicieron caso, pero después de los fracasos en 1974, 75, 76, 77 y 78 tuvieron que asistir a donde él y le hicieron el siguiente ofrecimiento: ¿Todavía te quieres hacer cargo de la selección? Avila ni corto ni perezoso le respondió a Dario Canó, presidente de esa entidad, con una frase que aprendió aquí: Sí, pero yo soy ley, batuta y Constitución, allí se hará lo que yo diga. Canó aceptó. Avila pidió 90 días para entrenar, de los cuales utilizó quince sin que los invitados no vieran ni bate ni pelota, solamente preparación física. Por esa razón se ganó muchas críticas de los cronistas deportivos de la época, quienes preguntaron que si era caballos de carreras los que se estaba preparando. Muchos jugadores principales se alejaron, entre ellos Fidel Mejía y Diógenes Belliard, quienes dijeron que tenían que terminar sus carreras universitarias.
Se reunieron ciento y pico de jugadores de todo el país y al final sólo quedaron 25 ó 30, la mayoría desconocidos, explicó Avila.
Sin embargo, en 1979 asistieron a los Juegos Panamericanos de Puerto Rico, y aunque los analistas los sentenciaron al decir último lugar nuevamente, solamente perdieron frente a Cuba y se quedaron con la medalla de plata. En los Centroamericanos de Panamá de 1980 hicieron lo inesperado y se adueñaron del oro. En los campeonatos mundiales de 1981 quedaron terceros por delante de Cuba y volvieron a ganar oro en los Centroamericanos de Cuba de 1982.
Avila cuenta que se apartó de la selección por problemas estructurales y la salida de Canó, quien salió por ser derrotado en las elecciones de la Federación. Se le pidió regresar para los Juegos Olímpicos de Los Angeles de 1984 y llevó el equipo a ocupar una buena posición.
De esa competencia salieron Ramón Martínez, Juan Guzmán, Balbino Gálvez, Mariano Duncan y todos llegaron a las Grandes Ligas, afirmó Avila, quien recuerda las amistades que hizo en el campo aficionado con Rafael Luis López, Willy Brito, José Luis Ravelo, con quienes compartió muchos momentos de angustia y felicidad.
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