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Guillermo Moreno
Los nuevos escenarios de la reforma constitucional
El pacto firmado por las direcciones de los partidos mayoritarios, a iniciativa del Presidente de la República, comprometiéndose a limitar la reforma de la Constitución a cuatro puntos de aceptación general, representa un paso de avance en el tratamiento de este tema.
Lo más importante del pacto es que dejó fuera de la reforma constitucional tres cuestiones que desde hace buen tiempo intranquilizaban a la ciudadanía. Me refiero a la pretensión de un grupo de legisladores de prolongarse el período para el que fueron electos, el tema de la reelección presidencial y las propuestas de contrarreforma al Poder Judicial.
Lo más significativo del pacto es la inclusión del mecanismo de la Asamblea Nacional Constituyente, electa por voto popular, para las futuras modificaciones de nuestra Carta Magna.
De todos modos, podría resultar que todo no salga color de rosa. Varios son los escenarios de crisis potenciales respecto de la reforma constitucional.
¿Qué garantías hay de que los legisladores se limiten a modificar la Constitución exclusivamente en los cuatro puntos contenidos en el pacto? Realmente todo depende de la autoridad que pueda ejercer sobre ellos el liderazgo de sus respectivos partidos políticos. Eso es precisamente lo que crea serias dudas, tomando en cuenta la cadena de engaños y componendas a que se han prestado esas direcciones políticas, la última de las cuales ocurrió hace apenas dos semanas en la elección de los tres jueces faltantes de la Suprema Corte de Justicia. Nadie ignora, además, la fragilidad de ese liderazgo, sobre todo en el partido oficial, dividido en una federación de grupos continuamente enfrentados a intereses contrapuestos.
Varias son las manifestaciones que se han producido, en el sentido de que los legisladores no se sienten vinculados a lo acordado en el pacto y que podrían incluir otros puntos de su interés. De todos modos debe decirse que, en situaciones parecidas, es costumbre que grupos de legisladores se muestren inicialmente rebeldes a acatar determinados proyectos legislativos, como parte de una estrategia de negociación, para finalmente obtener jugosas compensaciones a cambio de su voto favorable.
En estas circunstancias es necesario que la ciudadanía se mantenga vigilante del Congreso y que la opinión pública presione para que la modificación constitucional se limite a los puntos contenidos en el pacto.
El otro asunto incierto se refiere al tipo de Asamblea Constituyente que van a crear los legisladores. El pacto se limita a señalar la necesidad de modificar los artículos 117 y 118 de la actual Constitución para crear la figura de la Constituyente, dejando a la ley todo lo relativo a su composición. Se propone además que sus integrantes sean elegidos en los comicios electorales de mayo del 2002.
El punto crucial a determinar es precisamente lo relativo a la composición de la Asamblea Constituyente. Si se opta por una Constituyente integrada exclusivamente por representantes postulados por los partidos políticos, ésta va a operar sometida a la lógica, intereses y control a que ordinariamente someten los partidos al cuerpo legislativo. Como tantas veces se ha repetido, si la Asamblea Constituyente, además de representantes de los partidos, integra a otros postulados por representaciones no-partidarias, se abre la posibilidad de que en la Asamblea Constituyente se exprese más genuinamente la diversidad social, cultural y económica que integra la nación dominicana, y por tanto que la Constitución que de ella surja sea más representativa y más legítima.
Esta última fue el tipo de Asamblea Constituyente propuesta por la comisión especial nombrada por decreto del Poder Ejecutivo. Allí se recomendó que su integración se hiciera con el debido equilibrio entre los partidos políticos, las demás representaciones sociales, la presencia significativa de la mujer, por residentes en distintos municipios del país y de los dominicanos en el exterior; debiendo incluirse el mecanismo del referendo para sancionar los resultados de los trabajos de la Constituyente.
El otro escenario que se nos plantea como oportunidad y como desafío es cómo contribuir para que el texto resultante de la futura Asamblea Constituyente, lejos de ser el fruto de las componendas y negociaciones de las cúpulas partidarias y sectores de poder tradicionales de nuestro país, pueda reflejar las auténticas aspiraciones de democracia y desarrollo de nuestra nación. Se precisa para ello que el pueblo deje de ser espectador y se convierta en sujeto constituyente. Esto significa desplegar un esfuerzo sostenido para involucrar a los ciudadanos y a la diversidad de sectores sociales en la discusión horizontal de los distintos temas a ser comprendidos en la nueva Constitución. La Asamblea Constituyente debe ser precedida por millares de asambleas locales y sectoriales donde el pueblo llano discuta sus propuestas. Definir un perfil del constituyente del pueblo y de sus responsabilidades que, entre otras cosas, asegure que los electos van a la Constituyente, no a título personal, sino a sostener y defender unas ideas, unos principios y unos contenidos constitucionales concretos.
Para este escenario, de tanta trascendencia para el futuro de nuestra patria, debimos comenzar a trabajar ayer.
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