8 de Octubre del 2001 • Edición número 1,223
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Las dos caras de los parques urbanos

Durante el día son invadidos por bullosos vendedores, alcahuetes y gente que se la busca de muchas formas, en las noches, en cambio, son refugios de putas y homosexuales


Por Enilda Torres

Un pedazo de cartón servía de cama a una mujer de unos 35 años de edad que dormía plácidamente, embriagada quizás por el trasnoche luego de una ardua faena en el comercio de la carne sin placer. Ahí estaba tirada boca arriba, sólo en brasier, la blusa la tenía a un lado y un hedor se evaporaba a su alrededor. Es la Plaza de los Héroes, donde descansan los rostros de gentes que se inmolaron por una causa común, hoy, esta plaza está convertida en refugio de prostitutas y homosexuales.

Durante el día la plaza luce desolada, sucia y hedionda, pero por las noches se convierte en una taberna de meretrices que se desplazan de un lado a otro ofertando su cuerpo como cualquier mercancía barata.

La Policía Nacional y el Ayuntamiento son los responsables de poner el orden, de mantener limpios y cuidados estos espacios orientados para la recreación. Pero, al parecer, se preocupan muy poco.

Si se penetra a la Plaza de los Héroes por la avenida George Washington sólo se alcanzan a ver trapos guindando en las áreas laterales, y desde donde sale un hedor a orines y mugre que provocan vértigo. Allí dentro las meretrices “dan su servicio” a algunos clientes, aquellos que andan a pie, ante la mirada indiferente de los policías que cada noche rondan la zona.

Un hombre de corta estatura y mal vestido se introduce en el interior del lateral izquierdo, saca una silla y se sienta. ¿Usted trabaja aquí? Le pregunto. “Yo vigilo en el día”, responde. ¿Y por qué esto está tan abandonado y esa señora duerme en el piso en esas condiciones? “Esas son mujeres que se la buscan de noche, no tienen adonde ir, no tienen hermanas, ni familia y le coge el sueño aquí”, dijo el hombre.

Explicó que la Policía cruza todas las noches por el lugar y espanta a las putas y a los homosexuales, pero que a las pocas horas la plaza vuelve y se llena. “Mire, anoche pasaron ellos por aquí, pero no hay manera…”

Lo peor de todo esto es que esta escena se repite en casi todos los parques urbanos del centro de la ciudad y de los barrios.

PARQUE ENRIQUILLO
En el Enriquillo, por ejemplo, las noches son grimosas. El parque no está iluminado y desde afuera se divisa el desparpajo de homosexuales y prostitutas. Niños huele cemento, sicópatas y dementes duermen tirados en el piso o recostados en los bancos.

Por lo que se percibe el Ayuntamiento sólo se encarga de podar la yerba cada 15 ó 30 días, no más. “Las bombillas son robadas y arrancadas incluso con todo y alambre”. Fue el comentario que hizo uno de los hombres de la brigada de Ornato que trabajaba en el lugar en ese momento.

“Ay, mi hija, aquí no vale limpiar ni cortar la yerba. Esto es un nido de delincuentes que ni la Policía puede con ellos. Mire que están ahí mismo y no hacen nada”, dijo.

Chaer Santiago dirige las brigadas de limpieza en el parque Enriquillo y en el Braulio Alvarez. Explicó que ellos tratan de mantener las áreas por lo menos limpias. “Nosotros estamos tratando de dar mantenimiento a este parque y al Braulio Alvarez, pero éstos están rodeados de rutas de guaguas que viajan al interior del país y la gente no tiene educación cívica ni ciudadana. Lo que no quieren lo tiran al suelo”.

Este parque tiene enfrente, por la avenida José Martí, un destacamento de la Policía Nacional, que para lo que hace en cuanto a mantener el orden y la limpieza es como si no existiera.

En los alrededores del parque Enriquillo, en las horas del día, hay un mercado o pulguero improvisado, donde se comercializa desde pelucas, panties, pinchos y muñecos. El área que da a la Duarte está completamente ocupada por estos mercaderes.

Dentro del parque los vendedores de café, agua, dulces y cigarros también se la buscan. Pero por las noches muy pocos lo hacen porque “vienen muchos pájaros y gente a consumir droga”.

El Enriquillo carece de atractivo. Las fuentes de agua que una vez le dieron esplendor son hoy fosas de basura y agua estancada, orines y materia fecal. Sus alrededores son acordonadas por rutas del transporte colectivo cuyos pasajeros, sin miramientos, lanzan basura y desperdicios en plena vía y en el interior del parque.

EL BRAULIO ALVAREZ
Otro parque famoso por su ubicación es el Braulio Alvarez, localizado en el barrio de Villa Consuelo, a varios metros de la avenida 27 de Febrero. A ambos lados se estacionan guaguas del transporte colectivo.
El parque no luce sucio, pero sí descuidados su glorieta, árboles y bancos. Al igual que el Enriquillo y la Plaza de los Héroes, tampoco tiene iluminación. Y más que un parque para la distracción o celebración de eventos está convertido en un refugio de borrachos y vagos. Enfrente hay un club muy popular donde presentan shows de strep-tease.

De acuerdo a algunas personas que lo visitan por el día, el parque, que había sido remodelado, fue destruido por los vientos del huracán Georges en el 1998.

Isaac Mercedes, un evangélico que de vez en cuando se sienta a leer la Biblia y a predicar la palabra del Señor en el lugar, dijo que el parque antes de Georges era bonito y le daban mantenimiento. Hoy ese encanto no existe. Por el contrario, el aire que se respira es desagradable, una mezcla de orine y mugre, polvo y el monóxido de carbono que desprenden los vehículos que transitan por la 27 de Febrero. Además, es común toparse allí con algún moribundo, borracho dormido o un mendigo. Las paredes de la glorieta están repletas de graffitis, en la que el sucio y los olores fuertes se juntan para acortar la estadía de los visitantes. De noche es refugio de delincuentes y jovencitos huele cemento.

LOS DE LA ZONA COLONIAL
Estos son los parques Colón y Duarte. A pesar de que esta zona es muy visitada por los turistas no luce el esplendor que debiera. En el parque Colón su fuente de agua no sirve y las hojas que caen de los árboles y la basura no las recogen con regularidad. Sus áreas aledañas también lucen sucias y abandonadas. Montones de basura aparecen desparramados por doquier, donde las moscas y ratas hacen vida y los perros realengos bucean entre los desperdicios. Este parque sí está iluminado y está rodeado de cafés y bares visitados por dominicanos y turistas las 24 horas del día.

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